viernes, 3 de julio de 2009

Vamos a la playa… Oh oh oh!!!

Conforme pasa el tiempo, las novedades se convierten en cotidianeidades, la energía disminuye, la capacidad de asombro se limita, el trabajo cansa, y los días se comprimen. A pesar de esto siguen existiendo momentos que rompen el ritmo de vida que se lleva, y por ello, son momentos que deben ser recordados, y para hacerlo es necesario hacerse un espacio de memoria y reflexión. Hoy el yo poético se asoma para decir que al fin encuentro lo que necesito para escribir una vez más.



Como pate de esta experiencia, y estando tan cerca del Mediterráneo, no podíamos perdernos la oportunidad de visitar el mar, esa era la idea general; y aunque el mar por sí mismo brinda increíbles escenas, el complemento perfecto es una buena playa. Con este objetivo, el sábado 13 de junio, Giovanni, Diego, Roberto y yo nos pusimos en marcha hacia Livorno, un lugar que si bien carece de fama, nos llamó la atención debido a la ruta de tren que frecuentamos para movernos a nuestro lugar de trabajo, Pisa. Así pues, tan pronto como logramos levantarnos y alistar nuestras cosas para el viaje, tomamos el tren hacia Livorno.



Tan pronto como arribamos a nuestro destino y abandonamos la estación del tren, nos topamos con un parque, en el que una fuente servía de hogar a algunas tortugas, y tras atravesarlo se hacía visible una enorme avenida que parecía atravesar la ciudad. Para no errar preguntamos cómo llegar al puerto o a alguna playa, la respuesta fue “pues está lejos para ir a pie, pero sigan derecho por esa calle”. Así lo hicimos, caminamos aproximadamente 45 minutos, en el camino nos encontramos con una especie de iglesia de arquitectura particular, pues parecía estar conformada por una especie de prisma octagonal, más adelante encontramos una explanada en la que se exhibía Pinocchio, en una especie de mini-circo (dato curioso: esta historia fue escrita por el italiano Carlo Lorenzini “Collodi”). Continuando con la ruta llegamos a lo que pienso es el mercado principal, muy similar a los mercados de Toluca, afuera, puestos de ropa “económica”, y pequeños objetos como lentes de sol; en el interior, diversos tipos de comestibles, pollo, res, queso, conservas y verduras, por mencionar sólo algunos. Finalmente encontramos el mar, ese inmenso espacio, con azules contrastantes, separando así el horizonte, la visión del agua y del cielo, en las cercanías, motas blancas se definían como embarcaciones diversas, lanchitas, barquitos y yates de lujo. Recorrimos parte de la costa en busca de una playa, pues como en varios lugares, el puerto no es un lugar apropiado para nadar, avanzamos un poco y decidimos pedir información una vez más, sin embargo, me dio la impresión de que una playa, como las conocemos los mexicanos, no es fácil de encontrar en estas tierras; la instrucción primera fue tomar un autobús azul, que no llevaría a un lugar cerca de una playa para nadar, sin embargo, tras un periodo de espera, decidimos continuar con nuestra caminata, con la esperanza de encontrar algún lugar agradable en el camino.



No pasó mucho tiempo antes de que nos encontráramos con una entrada a lo que parecía ser un balneario, o al menos esa era la facha que daba, así nos acercamos y descubrimos que se trataba de una “playa” artificial, pequeña y privada, sin ser del todo atractiva continuamos caminando en busca de algo mejor, pero a unos pocos pasos encontramos algo similar, con un precio ligeramente mayor, así que decidimos regresar a la primera opción, en su interior nos encontramos con una reducida explanada de cemento, un par de metros de arena, y poco de agua dónde se podía avanzar 4 o 5 metros antes de llegar a la ”zona segura”. Estando allí nos remojamos un rato, dormimos un poco en las bancas, e inclusive tuve la fortuna de tocar un balón para volear un poco, con un balón y en una cancha de fútbol. Poco antes de irnos, Giovanni y Roberto jugaron una especie de cascarita italiana con unos niños, que al enterarse que veníamos de México, nos identificaron perfectamente con la “influenza porcina humana”, sin embargo no hubo reacción de rechazo, al contrario, noté interés en conversar, tristemente el idioma no nos permitió intercambiar muchas palabras.



Así pasamos gran parte del día en aquella mínima parte del mar Mediterráneo, tras abandonar la playita, continuamos nuestro recorrido hacía la orilla de la ciudad, en el transcurso nos encontramos en una especie de plaza-mirador dónde logramos apreciar la hermosura de aquellas aguas con el reflejo del sol en su superficie. Continuamos le recorrido pasando por la escuela naval, y llegamos a una especie de pórticos que parecían adornar la salida de la ciudad, ahí, cambiamos nuestra dirección con la intención de volver a la estación del tren. Fue entonces que comenzamos el recorrido más pesado del día, pues el calor parecía comenzar a azotar, el cansancio a pesar, y la distancia a crecer. Continuamos y tras algunos metros de caminata logramos volver a lo que parecían calles céntricas, ahí pedimos informes para llegar a la estación del tren, varias personas nos indicaron el camino conforme avanzábamos, pero había una expresión constante “è lontana” en un tono un poco desalentador que se traduce en: “está muy lejos”. Arrastrando los pies cada vez más, logramos llegar a la estación, y entonces entendí que el concepto de lejos no es exactamente el mismo en Italia y en México.



Finalmente tomamos el tren de regreso a Pontedera, donde el resto de la tarde nos aprovecho para comer spaghetti a la Diego, y cerrar el día con una partida de Warcraft.

sábado, 20 de junio de 2009

Y ahora qué sigue????

Hola... una vez más, al fin me he dado el tiempo necesario para poder continuar esta relajante tarea de compartir esta experiencia inolvidable.

En mi última entrada comentaba sobre mi proyecto, ahora platicaré un poco sobre la vida "laboral" que me ha envuelto las últimas tres semanas. El protocolo matutino más o menos es levantarse 7:30 de la mañana, bañarse, despertar a Roberto, desayunar un poco de cereal con leche (aveces), lavarse los dientes y salir rumbo a la estación de tren, ahí tomar alguno que llegue a Pisa, generalmente 8:49, relajarse unso 20 minutos, que es el tiempo aproximado de llegada a Pisa, y una vez en la estación, caminar hacia PERCRO, el tiempo es preciso para apuntar como hora de entrada las 9:30 am. Para entrar, se abre una puerta automática, luego se atraviesa un intento de jardín, que desde mi opinión podría ser algo más, pero a falta de cuidados no lo ha permitido, finalmente llegar al que es nuestro "lugar de trabajo" un par de escritorios en medio de un cuarto, donde la falta de orden, en mi opinión característica de los científicos, se hace presente, pero v acorde al concepto, pues te encuentras cables atravesados por aquí y por allá, un robot en unn esquina, monitores, computadoras, switches, dispositivos hápticos, y estudiantes de Ph. D.

La imagen difiere de lo esperado, no hay batas blancas, ni paredes de vidrio, con detectores de huella digital, no hay una multitud de gente, no hay ancianos sabiondos y engreidos, en vez de eso hay gente, concentrada en su trabajo, cada uno con su propio proyecto, y con su propia especialidad, para ello, mis copañeros les han colocado, debido a sus grandiosas cualidades, el nombre de dioses. Así nos encontramos con el señor del 3d (al parecer de los mejores diseñadores del lugar cuyo nombre es Vittorio Spina), el señor del XVR y Physics (Rosario Leonardi), y así, cada uno de los "compañeros de trabajo" expertos en su área, pero siempre dispuestos a ayudar.

Van ya tres semanas de trabajo, en estas tres semanas, he logrado familizarme con 3d Studio como programa de diseño, con XVR y Physics como programa de integración para Realidad Virtual, con Matlab como programa de ocntrol, y con OpenCV, como librerias de reconocimiento. Todo esto gracias al apoyo de quienes trabajn en PERCRO, que amablemente nos han compartido sus conocimientos en una serie de talleres, que serán útiles para el desarrollo de nuestros proyecctos.

En cuanto al mio, he de decir que ya he logrado terminar todas las piezas del motor, y las herramientas que utilizaré para mi simulación, considero que a pesar de mi falta de habilidades para el dieño, he hecho un buen trabajo, y ahora todo esta integrado ene l ambiente de realidad virtual, falta la parte de control y reconocimiento proxima a desarrollarse.

En cuanto a la rutina diaría, una vez que entramos al laboratorio, es trabajo individual hasta la 1:00 pm, hora a la que solemos salir a comer. La comida la hacemos en una especie de comedor, que se encuentra practicamente junto al laboratorio, un menú completo para estudiantes por tan sólo 2.50 euros, esto es bastante aceptable. Posteriormente regesar a concluir el trabajo hast alas 6 de la tarde, considerado como el tiempo de salida. De ahí, una nueva caminata de 20 minutos hasta la estación del tren, en el trayecto es facil encontrarse con tiendas de ropa, bares, zapaterias, es un poco el equivalente a los portales de Toluca, posteriormente cruzar el puente y concluir la caminata en la estación, donde generalmente tomamos el tren de las 6:50 de regreso a Pontedera.

Ahí la vida de dormitorios, platicar un rato sobre los proyectos, la escuela, la familia, México, lueog un poco de espacio personal, escuchar música, leer, escribir, o chatear, y finalmente descansar.

Hasta ayer había sido compañero de cuarto de Roberto, pero como todos sabemos, muchas veces no es fácil compartir la vida con alguién, especialmente si las diferencias son grandes, así que ayer me tocó hacer maletas, y mudarme, así que ahora comparto el cuarto con Diego.

En fin, esto es mi vida en italia por ahora, pronto seguiré compartiendo los detalles de esta aventura, que aún guarda muchas sorpresas, estoy seguro.

domingo, 7 de junio de 2009

Y eso "pa" qué???????

Detalles técnicos del viaje

Me he encontrado repetidamente con la pregunta de ¿qué hago acá?, así que aprovechando la pausa de las travesías extraordinarias, contaré un poco de que se trata este viaje.

El Tec de Monterrey (ITESM) Campus Toluca, tiene un convenio con un laboratorio de robótica, y realidad virtual, en Pisa, este convenio nos permite a algunos estudiantes (de 4 a 7 dependiendo la disposición de los dormitorios), trabajar como asistentes en algún proyecto del laboratorio. Con este trabajo, se nos da la opción de revalidar una o dos materias, dependiendo las posibilidades de cada uno. Durante la estancia en el laboratorio, se nos da gratuitamente hospedaje en las residencias de la escuela. Nuestro contacto y anfitrión en laboratorio es el ingeniero Oscar Sandoval, quien es estudiante de Ph. D. en el mismo lugar.

El laboratorio se llama PERCRO, y forma parte de un proyecto de la Unión Europea denominado Skills, en el que varios laboratorios buscan formas de acelerar la adquisición de habilidades, mediante sistemas de interacción humano-máquina, este laboratorio trabaja en conjunto con la “Scuola Superiore Sant’Anna” en Pisa. Las áreas de trabajo de PERCRO son sistemas de visualización, dispositivos perceptuales, realidad virtual, sistemas de teleoperación, diseño industrial, e interacción. Los proyectos en los que los alumnos nos hemos visto involucrados son referentes a realidad virtual para el entrenamiento. Concretamente existe un sistema de entrenamiento de remo, en el que el usuario se coloca en un plataforma electromecánica y mediante una pantalla sigue una ruta, con instrucciones para aprender la técnica del remo, probando teorías de aprendizaje como la retroalimentación visual, auditiva, y ahora vibrotáctil como una especie de condicionamiento. Otro proyecto es meramente de realidad virtual, en el que una persona se coloca dentro de un espacio de realidad inmersiva denominada “Cave”, y debe seguir los pasos mostrados por un Avatar virtual, que hace el papel de maestro, todo esto con el fin de aprender a realizar Tai-Chi. En resumen, PERCRO es el lugar donde la ciencia y la ingeniería se combinan, para generar estrategias de transferencia de habilidades, desarrollando sistemas complejos tanto robóticos, como de realidad virtual para lograr su objetivo. (para más informes del laboratorio visita http://www.percro.org ).


Y en concreto, ¿qué haré yo?, pues bien, mi proyecto gira en torno al aprendizaje de armado y desarmado, el objetivo es acelerar el aprendizaje de estas tareas, mediante sistemas de realidad virtual, con el fin de optimizar el tiempo en el que, por ejemplo, los empleados de una fábrica tendrían que tomar un curso presencial, con el riesgo de echar a perder alguna pieza, de esta forma, tras un proceso de simulación y práctica, el aprendizaje será más rápido, y menos riesgoso. Lo primero que tendré que hacer es mediante un sistema de tracking visual (conjunto de cámaras costosas que permiten saber la posición de un objeto respecto al tiempo, y almacenar su dinámica, sistema “Vicon”) determinar las posiciones óptimas de las cámaras, y el número de ellas, para poder captar eficientemente el proceso de armado real de un objeto, una vez concluida esta tarea viene la parte divertida, en la cual tendré que desarrollar un sistema completo de simulación. El usuario se encontrará en un ambiente inmersivo (Cave) en el que se proyectará, una escena de un taller por ejemplo, con diferentes herramientas, y una pieza a armar o desarmar. El usuario podrá manipular un brazo virtual que le permita interactuar con el ambiente. Para aumentar la sensación de realidad, se colocarán sensores EMG (cositas que miden la fuerza que ejerce un músculo, mediante impulsos eléctricos), con el fin de poder regresar al usuario una retroalimentación vibrotáctil que genere la sensación de presencia física del objeto que se encuentra en la pantalla, es decir, el usuario verá en una tele un brazo que se mueve al mismo tiempo que el suyo, y podrá tomar herramientas que se ven en la tele, y para que piense que es real, cuando tome una herramienta haremos su mano vibrar, así sentirá que sujeta algo. Finalmente el usuario podrá armar y desarmar, aprender y equivocarse en el sistema virtual, y estará listo para hacerlo en un sistema real, con un rango de error reducido.

¿Cómo lo haré? Bien la primera parte es la construcción del ambiente virtual. El modelado de las herramientas y del lugar de trabajo se hará mediante 3d Studio Max, que es un software (programa) CAD (Computer Aided Design o Diseño Asistido por Computadora) utilizado en Hollywood para hacer películas, posteriormente los objetos y el escenario se integrarán a XVR Studio, que es un software de manipulación de realidad virtual, desarrollado por PERCRO, donde se añadirá la física de los objetos, con ayuda de los algoritmos de PhysX de NVIDIA. Una vez diseñado el entorno virtual se trabajará en la interacción con el usuario, él se colocará en el sistema inmersivo Cave (mencionado como por enésima vez, jajaja) y visualizará el entorno, se le colocarán unos marcadores que nos permitirán rastrear la posición de su brazo y mano, mediante el sistema de cámaras Vicon, este sistema regresará la posición a XVR, quien se encargará de reposicionar el brazo virtual, al existir contacto con algún objeto virtual, primero se identificará el objeto con base a la posición de la mano, posteriormente se medirá la fuerza ejercida por el usuario, y finalmente se generará una vibración que le permita al usuario sentir que el objeto virtual es real y que lo tiene en sus manos, finalmente el usuario podrá armar o desarmar la pieza deseada.

Pues bien este es el chiste técnico de mi estancia, el tiempo de trabajo es del lunes primero de junio al martes 21 de julio, de 9:30 de la mañana a 6:00 de la tarde, con hora de comida, jajaja. No hay clases y la metodología es autodidacta.

La parte no técnica radica en que antes de empezar a trabajar, he tenido tiempo de viajar un poco, ya he narrado mis anécdotas de Roma y Venecia, los fines de semana están programaos para conocer Italia, al menos la parte de la Toscana, planeando ir a Boloña, Florencia, Livorno, Milano y Verona. Al terminar el periodo de trabajo, tengo disponible hasta el 7 de agosto para seguir conociendo, así que el plan es salir de Italia en un vuelo de bajo costo a Trier, Alemania, de ahí tomar el tren a Paris, Francia, dos o tres días ahí y partir hacia Londres, Inglaterra atravesando el canal de la mancha por el Eurotúnel, un par de días en la ciudad de las próximas olimpiadas, dejando el deseo de regresar, y luego volver a Paris como punto de partida del tren hacia Madrid, España, donde otro dúo de días será suficiente, justo antes de partir hacia Barcelona, destino final previo al regreso a México. Pues bien este es el plan, y el deseo, y la esperanza, pero… sólo espero que mi cartera no se quede vacía antes de lograrlo, así que hagan chonguitos para que todo resulte.

Y si aún queda alguna duda respecto a qué hago acá, con gusto puedes preguntar. También pido una disculpa por los detalles técnicos tan detallados, pero al ser ingeniero, no podía dejar de entusiasmarme con un proyecto de tal magnitud.

sábado, 6 de junio de 2009

Y el sexto día... descansaron

27 de mayo de 2009

Bien, hoy amanecimos en el departamento del ingeniero Oscar, tras las preocupaciones y el camino de ayer, y las largas, pero inigualables, horas de camino en Roma y Venecia, nuestro cuerpo exigía un descanso, además, tenía que estar al pendiente de la hora de aplicación de mi examen, así que sin pensarlo mucho, saqué mi computadora, me conecte a internet, y me dispuse a esperar, escuchando una colección de música estilo New Age (Era, Enya y Celtic). De pronto… hooo un correo, confirmando la nueva hora para hacer mi examen, y así en un abrir y cerrar de ojos me encontraba en una mesa, frente a mi computadora, en la ciudad de Pisa, resolviendo mi examen de Arquitectura Computacional, una escena muy atípica en el viaje, jejeje. En fin, después de dos horas de pensar, estresarse, sufrir, borrar, plantear, replantear, postplantear, subplantear, sobreplantear, y todoplantear dos problemas, el resultado fue sólo uno, y el otro se quedó en el intento, si la pregunta final es. ¿Cómo te fue?, debo decir que pansé la materia, pero el hecho de estar acá, vale la pena, a pesar de esa consecuencia (lo bueno, al final, fue no haber reprobado, y haber alcanzado el promedio para la beca).

Como a las cuatro de la tarde, acabando de despertar como por tercera vez en el día, bajamos a comprar algo de comer, en este caso, un sándwich que pudiera engañar a las tripas, y convencer a las lombrices de no comerse entre ellas, fue comida para llevar, para llevar arriba al departamento, donde teníamos acceso a un pequeño balcón, desde el cual pudimos observar una pequeña porción de edificios de Pisa, y tras algunos minutos, fuimos participes de un regalo refrescante, pues el cielo palideció un poco, y comenzó a llorar (osease que de repente llovió jajaja). Con lo cual nos vimos obligados a regresar al interior del departamento.

El resto del día fue para descansar, dormir, escuchar música, recordar un poco el piano, ya que para mi suerte me topé con uno en el departamento, platicar un poco, contactar a la familia y a los amigos. Entre ellos, mi “roomate” del año pasado en Fort Worth, Texas, Hendrik, quien vive en Trier, Alemania, y quien cortésmente me invitó a visitarlo ya que ando tan cerca de acá, y tan lejos de allá, así que hoy incluyo en mi esperado itinerario de viaje. darme una vuelta por Alemania. Así fue como concluyó este día de descanso, sin mucho ajetreo, pero con mucha actividad cerebral (uy sí, seguramente por eso me fue como me fue, jajajaja).

domingo, 31 de mayo de 2009

Un poco tarde...


26 de mayo de 2009

Otro buenos días en Venecia, hoy es el día de la despedida, pero esta no sería posible sin antes navegar por el gran canal, y conocer el teatro de “La Fenice” (lugar de la boda a la que nos invitaron, jeje), así como considerar la idea de conocer la galería de la academia de Venecia. Al menos ese era el plan del día, sin embargo, el inconveniente sería que al no tener más noches en Venecia, no disponíamos de un hotel dónde dejar las cosas, por lo tanto, esta vez nuestras mochilas serían participes de la travesía. Así que después de un desayuno realmente light (jugo de naranja, yogurt, y un par de croissants), nos dispusimos a recorrer las calles Venecia un vez más, arrastrando con nosotros nuestras pequeñas maletas de 22 kilos cada una, y nuestras mochilas de mano, tomamos camino hacia “abajo” (recordando la acotación del mapa de la entrada anterior), en búsqueda del gran teatro de ópera, atravesamos puentes cargando, arrastrando, golpeando, alzando, jalando y empujando las maletas, haciendo cuanta peripecia se nos ocurría, buscábamos las sombras para poder lidiar un poco con el calor de aquella ciudad, y así continuamos hasta llegar al puente de “Rialto”, lugar donde dimos una vuelta equivocada, que nos guió hasta un callejón extraño, donde al no tener más opción y sentirnos realmente perdidos, preguntamos a una joven, que sorpresivamente, con un tono bastante amable nos indicó por donde seguir para llegar al teatro, así regresamos al magnífico puente, donde compré el segundo recuerdo obligado, un óleo original de Venecia, en él, se aprecia lo realmente esencial de esta ciudad, un río de los varios que inunda las calles, en el rio una góndola con su respectivo conductor, a los costados, los simbólicos edificios con sus colores característicos, en una de las varias ventanas, las flores adornando tan hermosa obra, y un cielo plasmado con perfección por la mezcla de colores, blanco, azul, rojo y naranja, dando un sentido de profundidad que es difícil lograr, aún cuando se mira con detenimiento alguna otra pintura, y moviendo al espectador justo a un lugar y momento que pareciera de historia, permitiendo así conocer la belleza de la esencia de Venecia, una ciudad con canales en vez de calles, con botes y góndolas en vez de autos, y con un “folclore” único en el mundo. Y la pregunta es: ¿Porqué recuerdo forzado?, pues bien, hace algunos años en mi casa (su casa), existían un par de cuadros de Venecia, estos eran un complemento perfecto, sin embargo eran un préstamo temporal, y al dejar nuestra casa, se quedo un sentimiento de vacío, por lo tanto, este era el momento perfecto para llenar ese espacio, y tener un auténtico óleo de Venecia, con firma del autor incluida.

En fin, al terminar el momento de compras, continuamos con nuestro trayecto hacia “La Fenice”, convirtiéndonos en un centro de atracción, al sentir las miradas de quienes gustaban de nuestras maniobras para atravesar los abundantes puentes que conectaban una calle con otra. Tras un largo recorrido de más o menos una hora y media (puede que haya sido menos, pero sin duda, con el efecto mochilaso, la percepción del tiempo cambia, y si no me creen pregúntenle a Einstein, jejeje), llegamos al afamado teatro, y finalmente encontrarnos con una decepcionante sorpresa, el teatro estaba cerrado al público; en ese momento toda nuestra energía se evaporó en la desilusión ante el esfuerzo en vano, así que decidimos tomarnos un momento para descasar, y contemplar el resultado de nuestra ardua labor de caminata, nos serenamos y replanteamos la ruta, decidimos que en vez de tomar hacia el puente de la Academia a tomar el “vaporetto”, podríamos hacerlo en la playa de San Marcos, así que continuamos nuestro recorrido hacia abajo hasta llegar a la playa, ahí un evento curioso, Roberto deseaba comprar una bolsa para su mamá, y justo fuera de las tiendas de lujo que ya he comentado (Gucci y Armani y shalala) se encontraba un hombre alto de test morena (muy morena) vendiendo bolsas, a Roerto se le ocurrió preguntar, y el sujeto le pidió 80 euros por la bolsa, misma que he de admitir se veía bien, sin embargo era demasiado dinero y Panda (Roberto) se negó, entonces el vendedor comenzó a bajar el precio a una velocidad increíble, de modo que en menos de 4 minutos, una bolsa había pasado de costar 80 a 20 euros, un fenómeno bastante impresionante, al final de cuentas no compró nada, pero sin duda será lago difícil de olvidar. Finalmente llegamos a la estación del “vaporeto”, que sería el equivalente a los “2 de marzo” en Toluca, jejeje, en fin compramos nuestro boleto de una ida por 6.50, y nos dirigimos a la estación flotante a esperar, ahí llegó el primer barquito que se llenó de una manera atascada, como si no volviera a pasar otro en años, y como era de suponerse, no alcanzamos lugar, así que tuvimos que esperar una segunda nave, de esta forma tras 20 minutos de espera tomamos la embarcación rumbo a la estación “Santa Lucia”, y recorrimos una vez más la ciudad de Venecia, sólo que esta vez, lo hicimos vía marina, jeje.

Rio arriba llegamos a la estación donde decididamente tomamos un tren hacia Bologna, la razón, el Ing. Oscar Sandoval, quien es nuestro anfitrión en Italia, nos estaría esperando en Pisa a las 8:00 pm, para hospedarnos en su departamento hasta el día de la liberación de las residencias de la escuela. En fin, el tren parecía esperarnos, así que nos subimos, y sin mucha espera partió rumbo a Bologna, donde esperaríamos transbordar para poder llegar Pisa. Después de un trayecto de aproximadamente cuatro horas de viaje, arribamos a Bologna, justo a tiempo para llevarnos una desagradable sorpresa, pues resulta que ahí no había trenes hacia Pisa, así que el itinerario de viaje se vio modificado, la primera opción era llegar a Firenze y de ahí movernos a la ciudad destino, así lo intentamos, y el resultado fue fallido, pues el tren que iba hacia Firenze era de otra clase, y debíamos pagar un extra de 15 euros para poder tomar esta ruta, así que nos vimos forzados a modificar el plan una vez más, ahora tendríamos que subir hasta Parma, de ahí movernos hacía el oeste, con rumbo a La Spezia, y finalmente al sur para llegar a Pisa, y así lo hicimos, sólo hubo un detalle, llegamos a Parma a las 7 de la tarde, con lo cual estaríamos en la Spezia a las 9:15 pm según la hora programada del tren, tratamos de contactar al Ing. Oscar, pero no lo logramos, así que presionados por le retardo, no sólo con nuestro anfitrión, sino para mi examen final de “Arquitectura Computacional y Sistemas Digitales” (la materia que más he sufrido en mi historia universitaria), así que la presión del tiempo era demasiada, peor no había opción. Tomamos el tren hacia La Spezia, y nos relajamos un momento, he de decir que este recorrido fue eterno, muy probablemente la relatividad influyó una vez más, pues no es fácil sentir el tiempo pasar cuando sabes que tienes que hacer el examen final de la materia más difícil y que vas retrasado, sin embargo esto no impidió valorar lo que los ojos veían, paisajes impresionantes, de pinturas, con casas en las montañas, relieves de colores, el cielo oscureciendo, algunos cuantos sembradíos, ciudades pequeñas, similares a las que sólo llega el viento, puentes extensos comunicando vías con otras, y así tras esta experticia, y con una doble presión llegamos a La Spezia, ahí, una comunicación exitosa con Oscar nos hizo saber que al llegar a Pisa tendríamos que tomar un taxi hacia su departamento, en fin, tomamos el primer tren hacia nuestro destino final y nos preparamos para comenzar el cierre de este día tan agitado.

Eran aproximadamente las once y media de la noche cuando llegamos a Pisa, de ahí, un taxi nos llevó a la casa de nuestro anfitrión, tras cobrarnos 10 euros, (razonable para la hora y distancia), y ahí, una disculpa fue lo más que se podía expresar, para compensar el retraso, y el hecho de haber hecho esperar al Ing. Oscar dos horas en la estación, una vez resuelta la situación de hospedaje, apresuradamente envié un correo a mi profesor para pedirle una ampliación en el tiempo de realización de mi examen, exponiéndoles los motivos, y así fui a dormir con la espina de qué pasaría con mi prueba final.

jueves, 28 de mayo de 2009

Casi muertos...

25 de mayo de 2009

Hoy amanecimos en Venecia, tan pronto como despertamos (7:00 am), nos bañamos, desayunamos y nos dispusimos a caminar, pues sería un día largo, el objetivo principal era la plaza de San Marcos, donde por cierto, Andrea Bocelli está próximo a dar un concierto, si alguien gusta cooperar, es bienvenido, jejeje. En fin, la travesía del día comienza cuando salimos del hotel en busca de otro, porque ya no había lugar en ese para una noche más, así que regresamos rumbo a la estación Santa Lucia, buscando un nuevo hotel con características similares para dejar las cosas y tener donde descansar esa noche, en el trayecto preguntamos en cuanto hotel se atravesaba en nuestro camino, hasta que encontramos uno agradable, con desayuno incluido, económico, cuarto aceptable, y lo más importante de todo, no había que subir tantas escaleras para llegar al cuarto, así que dejamos las maletas, nos tomamos un respiro de 5 minutos y nuevamente salimos a las calles de Venecia, ahora sí, a perseguir al dichoso San Marcos y su plaza.



Así anduvimos por las calles, primero por la principal, luego por algunas pequeñas, realmente mini avenidas como de un metro de ancho, entre tiendas, y más tiendas, algunas de ropa, otras de comida, pero en abundancia las de máscaras y recuerdos. Así pues, fotografiando cuanta iglesia y teatro nos encontrábamos en el camino, grabando con nuestras cámaras imágenes de ríos, góndolas, edificios, y toda la gente que se atravesaba en nuestras fotos, jejeje, atravesamos Venecia, de una forma que yo denominaría transversal, hasta llegar a la playa, donde la falta de sombra y el exceso de calor se hacían evidentes, frente a nosotros, barcos de todos colores y tamaños, lanchas, góndolas, vaporettos, buques, yates, de todo un poco, y más allá, como en una lejana isla, se veía la basílica de “Santa María de la Salutte”. De repente en una lvuelta hacia atrás, tras ver una multitud de gente, encontramos el “Palazzo Ducale”, una edificación de 4 niveles, con aproximadamente 15 pilares en la planta baja, y 35 en el segundo nivel, que impresiona con tan solo un parpadeo. Al carburar dónde nos encontrábamos no tardamos en formar parte de la enorme fila que esperaba para entrar, así después de un rato nos encontramos recorriendo los pasillos de este enorme y magnifico palacio, ahora museo. Pero… ¿qué había ahí?, en la primera sección una exposición de algunas columnas originales removidas dadas sus condiciones, en la cima de ellas se notaban algunos detalles esculpidos que los caracterizaban, entre ellos, estaban rostros con diferentes peinados, ángeles, madres y niños, signos zodiacales, hombres de diferentes razas, y animales (águilas y grifos). Lo siguiente fue apreciar el patio del palacio, donde otra serie de pilares estructuraban un rectángulo que limitaba el patio del palacio, al fondo unas escaleras formaban el acceso al tercer nivel del lado derecho, tomando como punto de referencia la entrada principal que da justo a la playa. La siguiente parada dentro del palacio es la entrada a los dormitorios, todos con pinturas en el techo, cada uno tan impresionante como el otro, y cada pintura bordeada con un magnifico marco de oro, como si tuvieran una montaña de oro, de donde tomar a sus anchas para adornar sus salones, aunque seguramente esto debió ser cierto, pues recordemos que éste era el palacio donde vivían todos los duques de Venecia. Así un recorrido de un salón tras otro, viendo alcobas, salones de fiestas, salones de reuniones, salones de juicios, y salones de todos tipos, algunos exhibiendo mapas, armas, armaduras, pinturas, estatuas, y en algunos otros donde el espacio, las pinturas del techo y sus adornos dorados eran más que suficientes para sentirse hipnotizado ante tanta grandeza y majestuosidad, de ahí incursionamos hacía la “parte oscura”, y después de atravesar el “puente de los suspiros”, nos encontramos con el sótano y la parte donde de la prisión, donde eran visibles cada celda, alguna con camas, otras con arte en la pared, otras simplemente vacías, con barrotes, un recorrido de aproximadamente 20 minutos que nos permitió imaginar la pena de algún crimen, en la oscura prisión del Palacio Ducal de Venecia.



Una vez concluido el “recorrido ducal”, salimos del palacio por la puerta que da hacia la “Piazza di San Marco”, de frente una enorme torre con un reloj casi en la punta, y a nuestra derecha, una pequeña capilla, o al menos eso es lo que creíamos, pero al caminar y dar la vuelta… ho sorpresa, no era una capillita, era la “Basílica de San Marcos”, con una enrome fachada adornada con oro y pinturas bizantinas, tanto como su característica arquitectura reflejada en las cúpulas. Otra fila nos condujo al interior de tan hermosa estructura, el cual no era muy diferente de la fachada, pues abundaban adornos de oro por aquí y por allá, lo mismo que las pinturas, he de decir que la apreciación del arte no es la misma en todos lados, y no es lo mismo ver la basílica de Guadalupe, que la de San Pedro, y ahora que la de San Marcos, esta irradia riqueza por doquier, el arte es un poco más rudo, pues las pinturas aunque también religiosas, no poseen el mismo color, la misma expresión ni el mismo detalle, mientras en el Vaticano había multitudes en los cuadros, gente, apóstoles, discípulos, estos son más centrados en una imagen, en una persona, sea Jesús, sea “Madonna con bambino”, o algún santo, y nuevamente el color dorado reluciendo. Dos áreas especiales en esta basílica eran la del tesoro y la parte posterior del atrio, a las cuales decimos no entrar por falta de fondos, jejeje.



Al salir de la basílica nos encontramos con lo que era nuestro objetivo inicial, ahí estaba frente a nosotros la Plaza de San Marcos, (nota: fue en este recorrido donde aprendí a recorrer los leones de San Marcos, esos leones majestuosos con alas, asociados a Marcos, porque su evangelio comienza en el desierto y se refiere a Juan el Bautista como la voz que clama el desierto, y los leones son considerados reyes del desierto). En fin la plaza consta de una gran explanada custodiada por una construcción con base en forma de arco, un aire a los portales de Toluca, excepto que blancos, más grandes, y con más pisos, jejeje, casi igualitos no? Ahí en la plaza se encuentra el museo “Correr” y el de Arqueología, en ellos encontramos nuevamente una exposición de pinturas, pero esta vez con una temática diferente, pues éstas hablaban de la Venecia renacentista, dejando un poco de lado el tema religioso, y mostrando la vida de la realeza, los duques y sus ropajes, las monedas, los barcos, inclusive las guerras navales, más adelante una exposición de armas medievales, en ella se exponían lanzas, cañones, espadas, armaduras, mazos, arcos, flechas, dagas, escudos, pistolas, y toda la cantidad de armas imaginables (esto sólo es por si me faltó alguna que ustedes conozcan), así concluimos nuestra visita por el museo con la apreciación de un enorme salón, magníficamente decorado, nuevamente con los detalles de oro en el techo, con una pareja caracterizada con ropajes clásicos de la edad, tristemente, la entrada a este salón estaba “vietata” o sea prohibida.



Al salir del museo, nos alejamos un poco de la plaza por la parte lateral, dónde repentinamente nos encontramos lo que en roma es la “Vía Condotti”, es decir, el gran conjunto de tiendas departamentales de marca, entre ellas, Giorgio Armani, Gucci, Chanel y otras que en este momento no recuerdo, pues la opción de comprar algo en definitiva no era posible, jejeje. Bueno así continuamos en busca de nuestro próximo objetivo, la Galería de la Academia, para ello había que buscar su puente y atravesarlo, y para esto había que “subir” un poco (subir y bajar es conforme al mapa), y así lo hicimos, en el camino un panini nos ayudó a lidiar con el hambre, así hasta llegar al puente de la Academia, ahí cruzamos una vez más el “Grande Canale”, y nos acercamos a la entrada que asombrosamente estaba vacía, acelerados a la puerta nos topamos con que la razón era que ese día (lunes) cerraban a las dos de la tarde, esto fue una gran pena, porque bastante desanimados decidimos no entrar, pues también por un día ya habían sido bastantes pinturas, esculturas y salones, así que resignados decidimos caminar un poro más por Venecia, esta vez hacia abajo, pero del otro lado del canal, justo hasta llegar a la parte paralela de San Marcos, donde se encontraba la “Basílica de Santa María de la Salud”, desde aquí se podía ver perfectamente el palacio Ducal justo enfrente, y en el interior, un gran círculo iluminado por la cúpula, mientras en el atrio, un padre oficiaba misa, para unas cuantas personas sentadas alrededor en las pocas bancas que había. Así que imaginen el recorrido en forma de hache mayúscula (H), del hotel bajar, hasta San Marcos, luego subir a la mitad, donde estaba la Academia, ahí cruzar el canal, luego volver a bajar para llegar a Santa María de la Salud, pasando por la iglesia de Santa María del Rosario (en honor a mi mamá), paralela a la calle de San Cristóforo (que me recordó a una tía), y de ahí volver a subir con rumbo al hotel, cerca de la estación Santa Lucia.

El recorrido de la última subida fue el más pesado, pues era tarde, y habíamos estado caminando todo el día, durante tres días seguidos, el calor era asfixiante, y los pies se movían por pura inercia, lo único que queríamos era llegar al hotel y descansar, así que de alguna forma tomamos fuerza y comenzamos el acenso, en este, regresamos a la Academia, pero esta vez por calles paralelas donde encontramos infinidad de escuelas de música, inclusive entramos a una, donde uan profesar nos creyó ignorantes, y nos repitió como veinte mil veces (3 o 4 en realidad) que eso era una “scuola”, la fachada era interesante, así como muchas otras escuelas e institutos de ahí, por eso hicimos la escala, en fin tras dejar la “scuola”, seguimos encontrandonos con escuelas de música, de todos lados salían voces angelicales, el resonar de las cuerdas de los violines , o las enérgicas melodías de los pianos, un panorama apto para cerrar los ojos un momento y darse la oportunidad de “escuchar a Venecia”, fue a partir de aquí donde comenzamos a coleccionar volantes de un concierto en honor a Vivaldi (violinista veneciano, compositor de las cuatro estaciones), que se celebraría esa tarde en uno de los varios teatros de Venecia, la tentación de ir era enorme, pero el bolsillo pequeño, así que decidí dejarlo para otra ocasión. Al seguir la subida nos encontramos una tienda de mascaras muy llamativa, pues había una máscara tecnológica, diferente a todas las demás, plateada con tuercas, tornillos y cables, con un costo de más de 100 euros, una obra de arte en verdad, entramos a la tienda, y una señora que yo diría no era italiana, pues con exceso de amabilidad nos atendió, al ver que apreciábamos su sobras, nos permitió tomar fotos de su tienda, e inclusive nos invito a escoger una máscara y probárnosla, ella escogió para mi un vestuario de “Casanova”, una capa negra larga, con una sobrecapa, un sombrear negro, y una máscara blanca, con asombrosa rapidez, la señora me disfrazó, y en un instante ya era yo todo un Casanova listo para el festival de Venecia (aunque era un Casanova naco, pues mis tenis blancos asomaban bajo la capa negra, jejeje), en fin, la foto, clik click, y después nos permitió escoger una máscara más, tras un buen momento de pensar y contemplar, Panda escogió la otras máscara tecnológica, la mitad dorada, y la otra decorada con circuitos, cables, y pistas, muy al estilo ingenieril, la mía fue aquella máscara plateada con tuercas y tornillos que tanto me llamo la atención, y por supuesto, no podía dejar fuera de la foto a aquella señora que tan amablemente nos hizo pasar un gran momento, olvidando el cansancio, finalmente nos despedimos bastante agradecidos, y continuamos con la subida.



En este trayecto nos topamos con una iglesia curiosa, con una pintura de Da Vinci en la entrada, nos llamó la atención y nos acercamos, hoooooooooooo grata sorpresa, era una exposición de las maquinas e inventos de Leonardo a Vinci, no lo pensamos dos veces, el cansancio desapareció y entramos ansiosos a la exposición, ahí vimos inventos de todos tipos, ideas del maestro Leonardo, entre ellos había adaptaciones de barcos de guerra con escorpiones y martillos, estaban los principios de la cadena y la bicicleta, el uso de poleas simples, dobles y compuestas para subir pesas, estaba el modelo de un AUTÓMATA (para los computacionales, una palabra muy conocida), una armadura que funcionaría como robot y que serviría para saludar de manera automática, había principios del ascensor, así mismo había el diseño de una aplicación del principio de Arquímedes, que permitía trasladar agua a través de un tubo enrollado, desde una pileta en la parte inferior, hasta la cima de la estructura, así mismo la evolución de sus maquinas para volar, hélices básicas, intentos de alas, planeadores, y una máquina bastante compleja estilo bicicleta, y así podría seguir mencionando las diferentes aportaciones del gran genio, para la aviación, la mecánica, la anatomía, la guerra, y naturalmente los códices, he de decir, que esa experiencia fue impresionante, especialmente en mi caso, porque fue como percibir los orígenes de la ingeniería moderna, en una forma tan pura, creativa y avanzada para la época en que vivió Leonardo, cuyo talento iba más allá de lo tecnológico, pues como sabemos su parte artística se desarrolló a la par, en realidad lo único que le faltó fue jugar voleibol, jejeje.



Al salir de esta exposición, seguimos con movimientos “gusánicos”, arrastrándonos para poder subir, esto hasta encontrar en nuestro camino una exposición más, esta de instrumentos musicales, nuevamente Vivaldi se hacía presente, aquí observamos mandolinas, pianos, violines, chelos, flautas, y más instrumentos clásicos, otra exposición bastante llenadora, que sirvió de aspirina para nuestros pies, jejeje. Salimos de la exposición de instrumentos, y la energía era mínima, nuevamente arrastrando los pies hacia arriba, hasta encontrar un parque bastante tentador, y dijimos… ahora es cuando, sin pensarlo mucho nos movimos hacia el parque, encontramos una banquita en la sombra y nos recostamos a dormir, ahí nos perdimos durante más o menos una hora, sin saber nada del mundo ni de Venecia, dejando que nuestros cuerpos retomaran un aliento de vida para seguir el largo trayecto que aún quedaba. Así despertamos como a las 7 y media de la tarde y continuamos nuestra caminata hacia el hotel, y para no fallar, pues nos perdimos, en un momento nos encontramos entre autobuses y autos, parecía que hubiésemos abandonado Venecia, hoooooooo, nooooo, dónde rayos estábamos… bueno, no estábamos tan lejos, nos encontrábamos en la estación de Plaza Roma, que es como la entrada a Venecia, el lugar donde se dejan los autos de los visitantes, y entras en Venecia a pie, así cruzamos un enorme puente, casi de cristal, y tras unos pasos divisamos la estación Santa Lucia, llegar al hotel nos supo a gloria, lo mismo que recostarnos en nuestras camas a descansar

Esta probadita de gloria no duro mucho, pues decidimos que era momento de festejar un rato, así que siendo las 10 de la noche dejamos una vez más el hotel en busca de un poco de diversión, en realidad las opciones eran un “antrito” bar que habíamos visto la noche anterior, o un club de Jazz, caminos en busca del primero, peor nos encontramos con que estaba vacío, olvidamos que era lunes en la noche, y la gente local no solía salir (al menos esa impresión nos dio), así que continuamos hasta el club del Jazz, donde nos encontramos con la misma sorpresa. Un poco decepcionados decidimos regresar al hotel, pero en el camino se nos abrió el apetito, pues en realidad había sido un día muuuuuuyy largo, así que encontramos otro restaurante donde decidimos cenar, ahí otor menú turístico nos acompañó en las calles de Venecia, spaguetti con almejas como primer plato, como segundo chuleta de puerco, acompañada de papas a la francesa, y todo esto con una refrescante “birra” (cerveza), así pues siendo como las 11:30 pm, regresamos al hotel, ahora sí, dispuestos a descansar profundamente, y reponer fuerzas para la aventura del siguiente día.

Dato curioso hoy me dedique a contar los perros en Venecia, fácil, a través del recorrido de la ciudad me conté 56 perros, con lo cual me di cuenta que en la calle de Venecia hay más perros que autos (autos = 0, perros = 56 y contando), jejeje, eso sí es amor canino, jeje.

Rumbo al "grande canale"...



24 de mayo de 2009

Hola de nuevo… este es nuestro tercer amanecer en Roma, y el último al menos por el momento. Hoy la rutina es un poco más pesada, pues una despedida, aunque sea un hasta pronto no es fácil, así que de una manera memorable bajamos por el ascensor chistoso 100% manual, desayunamos con calma contemplando el pequeño restaurantito de todos los días mientras desayunamos, regresamos al cuarto y tras circo maroma y teatro bajamos las maletas, entregamos la llave y nos dirigimos al metro, esta vez de “La Celsa” a “Flaminio” y de ahí hasta “Termini”.

El día parecía un poco nostálgico hasta que llegamos a la estación central de Roma, ahí tras averiguar la hora de partida hacia Venecia, y darnos cuenta que teníamos como 15 o 20 minutos antes de la salida del tren, decidimos salir un poco hasta donde el tiempo nos lo permitiera a comprar el único recuerdo 100% obligado, la playera de mi hermana, así que comenzamos a caminar por la “Vía Cavour” una vez más, hasta encontrar una tienda donde vendías suvenires, aparentemente económicos, entramos con el tiempo medido, 2 minutos para ver y escoger, sin embargo, no fue fácil encontrar una buena playera, y menos con las ofertas o los contrastes de precio, así que en un abrir y cerrar de ojos el tiempo se nos había ido, con lo cual tuvimos que echar a correr, arrastrando nuestras maletas de 20 kilos aproximadamente, cuesta arriba para regresar a la terminal de trenes, cruzando calles y avenidas a toda velocidad, logramos llegar a la vía del tren que partía a Venecia, el “binario 11”, ahí, perdidos completamente ante la longitud del tren con varias posibles entradas, los primeros vagones ocupados, y un policía que la única instrucción que nos dio fue “sigan al fondo”, qué tan al fondo, o hasta qué entrada, fue algo que no supimos, pero en cuanto encontramos un vagón medio vacío nos metimos a toda prisa, antes de que el tren nos dejara. Así primero nos encontramos de pie en un estrecho pasillo con las grandes maletas a nuestro lado, como todos unos ignorantes, después de irnos familiarizando y de ver que le tren no avanzaba decidimos buscar otro lugar, de esta forma encontramos un cubículo donde se hallaba una joven, quien nos dijo que no había problema si nos sentábamos ahí, conversamos un momento en lo que esperábamos la salida del tren, de pronto recibió una llamada y salió del cubículo, con lo que nos quedamos Panda y yo a nuestras anchas, acomodamos las maletas en las rendijas superiores, y nos preparamos para el trayecto, percatándonos que . Algunas fotos de las vías y del camino, la mayoría grandes espacios verdes con árboles, después un momento de sueño y descanso.




Así tras aproximadamente cuatro horas y media de viaje comenzamos a sentir el calor de la playa Veneciana, al acercarnos a la estación “Santa Lucia” fuimos alistándonos para bajar, finamente, como a las 5:30 pm llegamos, al salir de la estación, otro sueño se hacía realidad, frente a nuestros ojos se encontraba el canal de Venecia, una vez que logramos reaccionar de la maravilla en la que nos encontrábamos, decidimos que el objetivo primero sería buscar hotel para no andar cargando las cosas, tras una recomendación desde México, buscamos la calle “Castello”, para ir al hotel Allafava, sin embargo, al pedir indicaciones nadie tenía la más remota idea, como si se tratara de una calle perdida, así que decidimos investigar por nuestra propia cuenta, preguntamos en un par de hoteles, cruzamos un pequeño puente, arrastrando nuevamente nuestras pesadas maletas, encontramos un modesto hotel con internet en la recepción, que a nuestro bolsillo estaba aceptable, y decidimos que ese era el indicado, así subimos por mil ocho mil escaleras nuestro equipaje, parecía que nunca llegaríamos al piso de la habitación, fue de las subidas más retadoras hasta ese momento, pues había que subir una maleta de 20 kilos, por aproximadamente 6 pisos, a lo largo de unas escaleras de máximo un metro de ancho, a una temperatura de aproximadamente 38 °C; eso sí, las escaleras tenían alfombra roja como si se tratase de reyes, jejeje. En fin llegamos a la habitación y nos refrescamos un rato, descansamos, tomamos aire, acomodamos las maletas, nos dimos cuerda y a conocer se ha dicho.

Salimos y nos movimos hacia la derecha, donde había una multitud grande de gente, y una variedad de puestos, en ellos lo más relevante eran las máscaras utilizadas en el festival de Venecia, que según nos enteramos después se celebra en febrero, es una lástima que no hayamos llegado antes, jejeje. Así continuamos caminando por aquí y por allá, sin rumbo fijo, dando vueltas la izquierda y derecha, cruzando puentes pequeños, otros más grandes, avanzando entre pequeños callejones, así, como muchas de las cosa que nos habían pasado en el viaje, sin quererlo, nos encontramos en el puente de “Rialto”, un puente muy famoso en Venecia por sus adornos y por la magnífica vista que da del Gran Canal, estuvimos ahí un momento, tomando fotos, apreciando el canal, y los edificios visibles desde ahí, hoteles, restaurantes, las embarcaciones que pasaban por abajo del puente, bien fueran góndolas, barquitos, lanchas, o el “Vaporetto” (transporte urbano marítimo), después de contemplar decidimos que al ser la primera noche en Venecia, y encontrarnos en el gran canal, era un buen momento para comer-cenar mejor, pues con el viaje el hambre era grande, así que bajamos del puente, y nos dirigimos a buscar dónde cenar. Encontramos un restaurante, no tan modesto, con un menú turístico por 15 euros, nos sentamos en una mesa a un lado del gran canal, con una buena vista hacia el puente y hacia Venecia, tomamos una botella pequeña de vino tinto para acompañar la cena, y nos dispusimos a disfrutar el momento, como primer plato había que probar la original lasagna, como segundo medallones de cerdo en vino blanco, y adjunto a esto papas fritas (la otra opción era ensalada, sin embargo le hambre ameritaba las papas, jejeje).

Así pues vimos el anochecer de Venecia cenando junto al gran canal, y posteriormente nos pusimos en marcha de regreso al hotel. Como ya estaba oscuro y no conocíamos bien, nos limitamos a regresar por la “avenida principal”, así tras unos 20 minutos de caminata regresamos al hotel, donde aprovechamos el internet para ponernos en contacto con el mundo que habíamos dejado del otro lado del charco, afortunadamente era domingo a las 4 de la tarde por allá, por lo que encontramos a bastante gente en línea, incluida la familia.

Así concluyó el día de llegada a Venecia, dato curioso de este lugar: La actriz mexicana Salma Hayek había celebrado su boda en Venecia, en el teatro “La Fenice” el 27 de abril de 2009, poco menos de un mes, (qué lástima que no nos haya invitado, de haber sabido hubiéramos llegado antes, jejejeje).