domingo, 31 de mayo de 2009

Un poco tarde...


26 de mayo de 2009

Otro buenos días en Venecia, hoy es el día de la despedida, pero esta no sería posible sin antes navegar por el gran canal, y conocer el teatro de “La Fenice” (lugar de la boda a la que nos invitaron, jeje), así como considerar la idea de conocer la galería de la academia de Venecia. Al menos ese era el plan del día, sin embargo, el inconveniente sería que al no tener más noches en Venecia, no disponíamos de un hotel dónde dejar las cosas, por lo tanto, esta vez nuestras mochilas serían participes de la travesía. Así que después de un desayuno realmente light (jugo de naranja, yogurt, y un par de croissants), nos dispusimos a recorrer las calles Venecia un vez más, arrastrando con nosotros nuestras pequeñas maletas de 22 kilos cada una, y nuestras mochilas de mano, tomamos camino hacia “abajo” (recordando la acotación del mapa de la entrada anterior), en búsqueda del gran teatro de ópera, atravesamos puentes cargando, arrastrando, golpeando, alzando, jalando y empujando las maletas, haciendo cuanta peripecia se nos ocurría, buscábamos las sombras para poder lidiar un poco con el calor de aquella ciudad, y así continuamos hasta llegar al puente de “Rialto”, lugar donde dimos una vuelta equivocada, que nos guió hasta un callejón extraño, donde al no tener más opción y sentirnos realmente perdidos, preguntamos a una joven, que sorpresivamente, con un tono bastante amable nos indicó por donde seguir para llegar al teatro, así regresamos al magnífico puente, donde compré el segundo recuerdo obligado, un óleo original de Venecia, en él, se aprecia lo realmente esencial de esta ciudad, un río de los varios que inunda las calles, en el rio una góndola con su respectivo conductor, a los costados, los simbólicos edificios con sus colores característicos, en una de las varias ventanas, las flores adornando tan hermosa obra, y un cielo plasmado con perfección por la mezcla de colores, blanco, azul, rojo y naranja, dando un sentido de profundidad que es difícil lograr, aún cuando se mira con detenimiento alguna otra pintura, y moviendo al espectador justo a un lugar y momento que pareciera de historia, permitiendo así conocer la belleza de la esencia de Venecia, una ciudad con canales en vez de calles, con botes y góndolas en vez de autos, y con un “folclore” único en el mundo. Y la pregunta es: ¿Porqué recuerdo forzado?, pues bien, hace algunos años en mi casa (su casa), existían un par de cuadros de Venecia, estos eran un complemento perfecto, sin embargo eran un préstamo temporal, y al dejar nuestra casa, se quedo un sentimiento de vacío, por lo tanto, este era el momento perfecto para llenar ese espacio, y tener un auténtico óleo de Venecia, con firma del autor incluida.

En fin, al terminar el momento de compras, continuamos con nuestro trayecto hacia “La Fenice”, convirtiéndonos en un centro de atracción, al sentir las miradas de quienes gustaban de nuestras maniobras para atravesar los abundantes puentes que conectaban una calle con otra. Tras un largo recorrido de más o menos una hora y media (puede que haya sido menos, pero sin duda, con el efecto mochilaso, la percepción del tiempo cambia, y si no me creen pregúntenle a Einstein, jejeje), llegamos al afamado teatro, y finalmente encontrarnos con una decepcionante sorpresa, el teatro estaba cerrado al público; en ese momento toda nuestra energía se evaporó en la desilusión ante el esfuerzo en vano, así que decidimos tomarnos un momento para descasar, y contemplar el resultado de nuestra ardua labor de caminata, nos serenamos y replanteamos la ruta, decidimos que en vez de tomar hacia el puente de la Academia a tomar el “vaporetto”, podríamos hacerlo en la playa de San Marcos, así que continuamos nuestro recorrido hacia abajo hasta llegar a la playa, ahí un evento curioso, Roberto deseaba comprar una bolsa para su mamá, y justo fuera de las tiendas de lujo que ya he comentado (Gucci y Armani y shalala) se encontraba un hombre alto de test morena (muy morena) vendiendo bolsas, a Roerto se le ocurrió preguntar, y el sujeto le pidió 80 euros por la bolsa, misma que he de admitir se veía bien, sin embargo era demasiado dinero y Panda (Roberto) se negó, entonces el vendedor comenzó a bajar el precio a una velocidad increíble, de modo que en menos de 4 minutos, una bolsa había pasado de costar 80 a 20 euros, un fenómeno bastante impresionante, al final de cuentas no compró nada, pero sin duda será lago difícil de olvidar. Finalmente llegamos a la estación del “vaporeto”, que sería el equivalente a los “2 de marzo” en Toluca, jejeje, en fin compramos nuestro boleto de una ida por 6.50, y nos dirigimos a la estación flotante a esperar, ahí llegó el primer barquito que se llenó de una manera atascada, como si no volviera a pasar otro en años, y como era de suponerse, no alcanzamos lugar, así que tuvimos que esperar una segunda nave, de esta forma tras 20 minutos de espera tomamos la embarcación rumbo a la estación “Santa Lucia”, y recorrimos una vez más la ciudad de Venecia, sólo que esta vez, lo hicimos vía marina, jeje.

Rio arriba llegamos a la estación donde decididamente tomamos un tren hacia Bologna, la razón, el Ing. Oscar Sandoval, quien es nuestro anfitrión en Italia, nos estaría esperando en Pisa a las 8:00 pm, para hospedarnos en su departamento hasta el día de la liberación de las residencias de la escuela. En fin, el tren parecía esperarnos, así que nos subimos, y sin mucha espera partió rumbo a Bologna, donde esperaríamos transbordar para poder llegar Pisa. Después de un trayecto de aproximadamente cuatro horas de viaje, arribamos a Bologna, justo a tiempo para llevarnos una desagradable sorpresa, pues resulta que ahí no había trenes hacia Pisa, así que el itinerario de viaje se vio modificado, la primera opción era llegar a Firenze y de ahí movernos a la ciudad destino, así lo intentamos, y el resultado fue fallido, pues el tren que iba hacia Firenze era de otra clase, y debíamos pagar un extra de 15 euros para poder tomar esta ruta, así que nos vimos forzados a modificar el plan una vez más, ahora tendríamos que subir hasta Parma, de ahí movernos hacía el oeste, con rumbo a La Spezia, y finalmente al sur para llegar a Pisa, y así lo hicimos, sólo hubo un detalle, llegamos a Parma a las 7 de la tarde, con lo cual estaríamos en la Spezia a las 9:15 pm según la hora programada del tren, tratamos de contactar al Ing. Oscar, pero no lo logramos, así que presionados por le retardo, no sólo con nuestro anfitrión, sino para mi examen final de “Arquitectura Computacional y Sistemas Digitales” (la materia que más he sufrido en mi historia universitaria), así que la presión del tiempo era demasiada, peor no había opción. Tomamos el tren hacia La Spezia, y nos relajamos un momento, he de decir que este recorrido fue eterno, muy probablemente la relatividad influyó una vez más, pues no es fácil sentir el tiempo pasar cuando sabes que tienes que hacer el examen final de la materia más difícil y que vas retrasado, sin embargo esto no impidió valorar lo que los ojos veían, paisajes impresionantes, de pinturas, con casas en las montañas, relieves de colores, el cielo oscureciendo, algunos cuantos sembradíos, ciudades pequeñas, similares a las que sólo llega el viento, puentes extensos comunicando vías con otras, y así tras esta experticia, y con una doble presión llegamos a La Spezia, ahí, una comunicación exitosa con Oscar nos hizo saber que al llegar a Pisa tendríamos que tomar un taxi hacia su departamento, en fin, tomamos el primer tren hacia nuestro destino final y nos preparamos para comenzar el cierre de este día tan agitado.

Eran aproximadamente las once y media de la noche cuando llegamos a Pisa, de ahí, un taxi nos llevó a la casa de nuestro anfitrión, tras cobrarnos 10 euros, (razonable para la hora y distancia), y ahí, una disculpa fue lo más que se podía expresar, para compensar el retraso, y el hecho de haber hecho esperar al Ing. Oscar dos horas en la estación, una vez resuelta la situación de hospedaje, apresuradamente envié un correo a mi profesor para pedirle una ampliación en el tiempo de realización de mi examen, exponiéndoles los motivos, y así fui a dormir con la espina de qué pasaría con mi prueba final.

jueves, 28 de mayo de 2009

Casi muertos...

25 de mayo de 2009

Hoy amanecimos en Venecia, tan pronto como despertamos (7:00 am), nos bañamos, desayunamos y nos dispusimos a caminar, pues sería un día largo, el objetivo principal era la plaza de San Marcos, donde por cierto, Andrea Bocelli está próximo a dar un concierto, si alguien gusta cooperar, es bienvenido, jejeje. En fin, la travesía del día comienza cuando salimos del hotel en busca de otro, porque ya no había lugar en ese para una noche más, así que regresamos rumbo a la estación Santa Lucia, buscando un nuevo hotel con características similares para dejar las cosas y tener donde descansar esa noche, en el trayecto preguntamos en cuanto hotel se atravesaba en nuestro camino, hasta que encontramos uno agradable, con desayuno incluido, económico, cuarto aceptable, y lo más importante de todo, no había que subir tantas escaleras para llegar al cuarto, así que dejamos las maletas, nos tomamos un respiro de 5 minutos y nuevamente salimos a las calles de Venecia, ahora sí, a perseguir al dichoso San Marcos y su plaza.



Así anduvimos por las calles, primero por la principal, luego por algunas pequeñas, realmente mini avenidas como de un metro de ancho, entre tiendas, y más tiendas, algunas de ropa, otras de comida, pero en abundancia las de máscaras y recuerdos. Así pues, fotografiando cuanta iglesia y teatro nos encontrábamos en el camino, grabando con nuestras cámaras imágenes de ríos, góndolas, edificios, y toda la gente que se atravesaba en nuestras fotos, jejeje, atravesamos Venecia, de una forma que yo denominaría transversal, hasta llegar a la playa, donde la falta de sombra y el exceso de calor se hacían evidentes, frente a nosotros, barcos de todos colores y tamaños, lanchas, góndolas, vaporettos, buques, yates, de todo un poco, y más allá, como en una lejana isla, se veía la basílica de “Santa María de la Salutte”. De repente en una lvuelta hacia atrás, tras ver una multitud de gente, encontramos el “Palazzo Ducale”, una edificación de 4 niveles, con aproximadamente 15 pilares en la planta baja, y 35 en el segundo nivel, que impresiona con tan solo un parpadeo. Al carburar dónde nos encontrábamos no tardamos en formar parte de la enorme fila que esperaba para entrar, así después de un rato nos encontramos recorriendo los pasillos de este enorme y magnifico palacio, ahora museo. Pero… ¿qué había ahí?, en la primera sección una exposición de algunas columnas originales removidas dadas sus condiciones, en la cima de ellas se notaban algunos detalles esculpidos que los caracterizaban, entre ellos, estaban rostros con diferentes peinados, ángeles, madres y niños, signos zodiacales, hombres de diferentes razas, y animales (águilas y grifos). Lo siguiente fue apreciar el patio del palacio, donde otra serie de pilares estructuraban un rectángulo que limitaba el patio del palacio, al fondo unas escaleras formaban el acceso al tercer nivel del lado derecho, tomando como punto de referencia la entrada principal que da justo a la playa. La siguiente parada dentro del palacio es la entrada a los dormitorios, todos con pinturas en el techo, cada uno tan impresionante como el otro, y cada pintura bordeada con un magnifico marco de oro, como si tuvieran una montaña de oro, de donde tomar a sus anchas para adornar sus salones, aunque seguramente esto debió ser cierto, pues recordemos que éste era el palacio donde vivían todos los duques de Venecia. Así un recorrido de un salón tras otro, viendo alcobas, salones de fiestas, salones de reuniones, salones de juicios, y salones de todos tipos, algunos exhibiendo mapas, armas, armaduras, pinturas, estatuas, y en algunos otros donde el espacio, las pinturas del techo y sus adornos dorados eran más que suficientes para sentirse hipnotizado ante tanta grandeza y majestuosidad, de ahí incursionamos hacía la “parte oscura”, y después de atravesar el “puente de los suspiros”, nos encontramos con el sótano y la parte donde de la prisión, donde eran visibles cada celda, alguna con camas, otras con arte en la pared, otras simplemente vacías, con barrotes, un recorrido de aproximadamente 20 minutos que nos permitió imaginar la pena de algún crimen, en la oscura prisión del Palacio Ducal de Venecia.



Una vez concluido el “recorrido ducal”, salimos del palacio por la puerta que da hacia la “Piazza di San Marco”, de frente una enorme torre con un reloj casi en la punta, y a nuestra derecha, una pequeña capilla, o al menos eso es lo que creíamos, pero al caminar y dar la vuelta… ho sorpresa, no era una capillita, era la “Basílica de San Marcos”, con una enrome fachada adornada con oro y pinturas bizantinas, tanto como su característica arquitectura reflejada en las cúpulas. Otra fila nos condujo al interior de tan hermosa estructura, el cual no era muy diferente de la fachada, pues abundaban adornos de oro por aquí y por allá, lo mismo que las pinturas, he de decir que la apreciación del arte no es la misma en todos lados, y no es lo mismo ver la basílica de Guadalupe, que la de San Pedro, y ahora que la de San Marcos, esta irradia riqueza por doquier, el arte es un poco más rudo, pues las pinturas aunque también religiosas, no poseen el mismo color, la misma expresión ni el mismo detalle, mientras en el Vaticano había multitudes en los cuadros, gente, apóstoles, discípulos, estos son más centrados en una imagen, en una persona, sea Jesús, sea “Madonna con bambino”, o algún santo, y nuevamente el color dorado reluciendo. Dos áreas especiales en esta basílica eran la del tesoro y la parte posterior del atrio, a las cuales decimos no entrar por falta de fondos, jejeje.



Al salir de la basílica nos encontramos con lo que era nuestro objetivo inicial, ahí estaba frente a nosotros la Plaza de San Marcos, (nota: fue en este recorrido donde aprendí a recorrer los leones de San Marcos, esos leones majestuosos con alas, asociados a Marcos, porque su evangelio comienza en el desierto y se refiere a Juan el Bautista como la voz que clama el desierto, y los leones son considerados reyes del desierto). En fin la plaza consta de una gran explanada custodiada por una construcción con base en forma de arco, un aire a los portales de Toluca, excepto que blancos, más grandes, y con más pisos, jejeje, casi igualitos no? Ahí en la plaza se encuentra el museo “Correr” y el de Arqueología, en ellos encontramos nuevamente una exposición de pinturas, pero esta vez con una temática diferente, pues éstas hablaban de la Venecia renacentista, dejando un poco de lado el tema religioso, y mostrando la vida de la realeza, los duques y sus ropajes, las monedas, los barcos, inclusive las guerras navales, más adelante una exposición de armas medievales, en ella se exponían lanzas, cañones, espadas, armaduras, mazos, arcos, flechas, dagas, escudos, pistolas, y toda la cantidad de armas imaginables (esto sólo es por si me faltó alguna que ustedes conozcan), así concluimos nuestra visita por el museo con la apreciación de un enorme salón, magníficamente decorado, nuevamente con los detalles de oro en el techo, con una pareja caracterizada con ropajes clásicos de la edad, tristemente, la entrada a este salón estaba “vietata” o sea prohibida.



Al salir del museo, nos alejamos un poco de la plaza por la parte lateral, dónde repentinamente nos encontramos lo que en roma es la “Vía Condotti”, es decir, el gran conjunto de tiendas departamentales de marca, entre ellas, Giorgio Armani, Gucci, Chanel y otras que en este momento no recuerdo, pues la opción de comprar algo en definitiva no era posible, jejeje. Bueno así continuamos en busca de nuestro próximo objetivo, la Galería de la Academia, para ello había que buscar su puente y atravesarlo, y para esto había que “subir” un poco (subir y bajar es conforme al mapa), y así lo hicimos, en el camino un panini nos ayudó a lidiar con el hambre, así hasta llegar al puente de la Academia, ahí cruzamos una vez más el “Grande Canale”, y nos acercamos a la entrada que asombrosamente estaba vacía, acelerados a la puerta nos topamos con que la razón era que ese día (lunes) cerraban a las dos de la tarde, esto fue una gran pena, porque bastante desanimados decidimos no entrar, pues también por un día ya habían sido bastantes pinturas, esculturas y salones, así que resignados decidimos caminar un poro más por Venecia, esta vez hacia abajo, pero del otro lado del canal, justo hasta llegar a la parte paralela de San Marcos, donde se encontraba la “Basílica de Santa María de la Salud”, desde aquí se podía ver perfectamente el palacio Ducal justo enfrente, y en el interior, un gran círculo iluminado por la cúpula, mientras en el atrio, un padre oficiaba misa, para unas cuantas personas sentadas alrededor en las pocas bancas que había. Así que imaginen el recorrido en forma de hache mayúscula (H), del hotel bajar, hasta San Marcos, luego subir a la mitad, donde estaba la Academia, ahí cruzar el canal, luego volver a bajar para llegar a Santa María de la Salud, pasando por la iglesia de Santa María del Rosario (en honor a mi mamá), paralela a la calle de San Cristóforo (que me recordó a una tía), y de ahí volver a subir con rumbo al hotel, cerca de la estación Santa Lucia.

El recorrido de la última subida fue el más pesado, pues era tarde, y habíamos estado caminando todo el día, durante tres días seguidos, el calor era asfixiante, y los pies se movían por pura inercia, lo único que queríamos era llegar al hotel y descansar, así que de alguna forma tomamos fuerza y comenzamos el acenso, en este, regresamos a la Academia, pero esta vez por calles paralelas donde encontramos infinidad de escuelas de música, inclusive entramos a una, donde uan profesar nos creyó ignorantes, y nos repitió como veinte mil veces (3 o 4 en realidad) que eso era una “scuola”, la fachada era interesante, así como muchas otras escuelas e institutos de ahí, por eso hicimos la escala, en fin tras dejar la “scuola”, seguimos encontrandonos con escuelas de música, de todos lados salían voces angelicales, el resonar de las cuerdas de los violines , o las enérgicas melodías de los pianos, un panorama apto para cerrar los ojos un momento y darse la oportunidad de “escuchar a Venecia”, fue a partir de aquí donde comenzamos a coleccionar volantes de un concierto en honor a Vivaldi (violinista veneciano, compositor de las cuatro estaciones), que se celebraría esa tarde en uno de los varios teatros de Venecia, la tentación de ir era enorme, pero el bolsillo pequeño, así que decidí dejarlo para otra ocasión. Al seguir la subida nos encontramos una tienda de mascaras muy llamativa, pues había una máscara tecnológica, diferente a todas las demás, plateada con tuercas, tornillos y cables, con un costo de más de 100 euros, una obra de arte en verdad, entramos a la tienda, y una señora que yo diría no era italiana, pues con exceso de amabilidad nos atendió, al ver que apreciábamos su sobras, nos permitió tomar fotos de su tienda, e inclusive nos invito a escoger una máscara y probárnosla, ella escogió para mi un vestuario de “Casanova”, una capa negra larga, con una sobrecapa, un sombrear negro, y una máscara blanca, con asombrosa rapidez, la señora me disfrazó, y en un instante ya era yo todo un Casanova listo para el festival de Venecia (aunque era un Casanova naco, pues mis tenis blancos asomaban bajo la capa negra, jejeje), en fin, la foto, clik click, y después nos permitió escoger una máscara más, tras un buen momento de pensar y contemplar, Panda escogió la otras máscara tecnológica, la mitad dorada, y la otra decorada con circuitos, cables, y pistas, muy al estilo ingenieril, la mía fue aquella máscara plateada con tuercas y tornillos que tanto me llamo la atención, y por supuesto, no podía dejar fuera de la foto a aquella señora que tan amablemente nos hizo pasar un gran momento, olvidando el cansancio, finalmente nos despedimos bastante agradecidos, y continuamos con la subida.



En este trayecto nos topamos con una iglesia curiosa, con una pintura de Da Vinci en la entrada, nos llamó la atención y nos acercamos, hoooooooooooo grata sorpresa, era una exposición de las maquinas e inventos de Leonardo a Vinci, no lo pensamos dos veces, el cansancio desapareció y entramos ansiosos a la exposición, ahí vimos inventos de todos tipos, ideas del maestro Leonardo, entre ellos había adaptaciones de barcos de guerra con escorpiones y martillos, estaban los principios de la cadena y la bicicleta, el uso de poleas simples, dobles y compuestas para subir pesas, estaba el modelo de un AUTÓMATA (para los computacionales, una palabra muy conocida), una armadura que funcionaría como robot y que serviría para saludar de manera automática, había principios del ascensor, así mismo había el diseño de una aplicación del principio de Arquímedes, que permitía trasladar agua a través de un tubo enrollado, desde una pileta en la parte inferior, hasta la cima de la estructura, así mismo la evolución de sus maquinas para volar, hélices básicas, intentos de alas, planeadores, y una máquina bastante compleja estilo bicicleta, y así podría seguir mencionando las diferentes aportaciones del gran genio, para la aviación, la mecánica, la anatomía, la guerra, y naturalmente los códices, he de decir, que esa experiencia fue impresionante, especialmente en mi caso, porque fue como percibir los orígenes de la ingeniería moderna, en una forma tan pura, creativa y avanzada para la época en que vivió Leonardo, cuyo talento iba más allá de lo tecnológico, pues como sabemos su parte artística se desarrolló a la par, en realidad lo único que le faltó fue jugar voleibol, jejeje.



Al salir de esta exposición, seguimos con movimientos “gusánicos”, arrastrándonos para poder subir, esto hasta encontrar en nuestro camino una exposición más, esta de instrumentos musicales, nuevamente Vivaldi se hacía presente, aquí observamos mandolinas, pianos, violines, chelos, flautas, y más instrumentos clásicos, otra exposición bastante llenadora, que sirvió de aspirina para nuestros pies, jejeje. Salimos de la exposición de instrumentos, y la energía era mínima, nuevamente arrastrando los pies hacia arriba, hasta encontrar un parque bastante tentador, y dijimos… ahora es cuando, sin pensarlo mucho nos movimos hacia el parque, encontramos una banquita en la sombra y nos recostamos a dormir, ahí nos perdimos durante más o menos una hora, sin saber nada del mundo ni de Venecia, dejando que nuestros cuerpos retomaran un aliento de vida para seguir el largo trayecto que aún quedaba. Así despertamos como a las 7 y media de la tarde y continuamos nuestra caminata hacia el hotel, y para no fallar, pues nos perdimos, en un momento nos encontramos entre autobuses y autos, parecía que hubiésemos abandonado Venecia, hoooooooo, nooooo, dónde rayos estábamos… bueno, no estábamos tan lejos, nos encontrábamos en la estación de Plaza Roma, que es como la entrada a Venecia, el lugar donde se dejan los autos de los visitantes, y entras en Venecia a pie, así cruzamos un enorme puente, casi de cristal, y tras unos pasos divisamos la estación Santa Lucia, llegar al hotel nos supo a gloria, lo mismo que recostarnos en nuestras camas a descansar

Esta probadita de gloria no duro mucho, pues decidimos que era momento de festejar un rato, así que siendo las 10 de la noche dejamos una vez más el hotel en busca de un poco de diversión, en realidad las opciones eran un “antrito” bar que habíamos visto la noche anterior, o un club de Jazz, caminos en busca del primero, peor nos encontramos con que estaba vacío, olvidamos que era lunes en la noche, y la gente local no solía salir (al menos esa impresión nos dio), así que continuamos hasta el club del Jazz, donde nos encontramos con la misma sorpresa. Un poco decepcionados decidimos regresar al hotel, pero en el camino se nos abrió el apetito, pues en realidad había sido un día muuuuuuyy largo, así que encontramos otro restaurante donde decidimos cenar, ahí otor menú turístico nos acompañó en las calles de Venecia, spaguetti con almejas como primer plato, como segundo chuleta de puerco, acompañada de papas a la francesa, y todo esto con una refrescante “birra” (cerveza), así pues siendo como las 11:30 pm, regresamos al hotel, ahora sí, dispuestos a descansar profundamente, y reponer fuerzas para la aventura del siguiente día.

Dato curioso hoy me dedique a contar los perros en Venecia, fácil, a través del recorrido de la ciudad me conté 56 perros, con lo cual me di cuenta que en la calle de Venecia hay más perros que autos (autos = 0, perros = 56 y contando), jejeje, eso sí es amor canino, jeje.

Rumbo al "grande canale"...



24 de mayo de 2009

Hola de nuevo… este es nuestro tercer amanecer en Roma, y el último al menos por el momento. Hoy la rutina es un poco más pesada, pues una despedida, aunque sea un hasta pronto no es fácil, así que de una manera memorable bajamos por el ascensor chistoso 100% manual, desayunamos con calma contemplando el pequeño restaurantito de todos los días mientras desayunamos, regresamos al cuarto y tras circo maroma y teatro bajamos las maletas, entregamos la llave y nos dirigimos al metro, esta vez de “La Celsa” a “Flaminio” y de ahí hasta “Termini”.

El día parecía un poco nostálgico hasta que llegamos a la estación central de Roma, ahí tras averiguar la hora de partida hacia Venecia, y darnos cuenta que teníamos como 15 o 20 minutos antes de la salida del tren, decidimos salir un poco hasta donde el tiempo nos lo permitiera a comprar el único recuerdo 100% obligado, la playera de mi hermana, así que comenzamos a caminar por la “Vía Cavour” una vez más, hasta encontrar una tienda donde vendías suvenires, aparentemente económicos, entramos con el tiempo medido, 2 minutos para ver y escoger, sin embargo, no fue fácil encontrar una buena playera, y menos con las ofertas o los contrastes de precio, así que en un abrir y cerrar de ojos el tiempo se nos había ido, con lo cual tuvimos que echar a correr, arrastrando nuestras maletas de 20 kilos aproximadamente, cuesta arriba para regresar a la terminal de trenes, cruzando calles y avenidas a toda velocidad, logramos llegar a la vía del tren que partía a Venecia, el “binario 11”, ahí, perdidos completamente ante la longitud del tren con varias posibles entradas, los primeros vagones ocupados, y un policía que la única instrucción que nos dio fue “sigan al fondo”, qué tan al fondo, o hasta qué entrada, fue algo que no supimos, pero en cuanto encontramos un vagón medio vacío nos metimos a toda prisa, antes de que el tren nos dejara. Así primero nos encontramos de pie en un estrecho pasillo con las grandes maletas a nuestro lado, como todos unos ignorantes, después de irnos familiarizando y de ver que le tren no avanzaba decidimos buscar otro lugar, de esta forma encontramos un cubículo donde se hallaba una joven, quien nos dijo que no había problema si nos sentábamos ahí, conversamos un momento en lo que esperábamos la salida del tren, de pronto recibió una llamada y salió del cubículo, con lo que nos quedamos Panda y yo a nuestras anchas, acomodamos las maletas en las rendijas superiores, y nos preparamos para el trayecto, percatándonos que . Algunas fotos de las vías y del camino, la mayoría grandes espacios verdes con árboles, después un momento de sueño y descanso.




Así tras aproximadamente cuatro horas y media de viaje comenzamos a sentir el calor de la playa Veneciana, al acercarnos a la estación “Santa Lucia” fuimos alistándonos para bajar, finamente, como a las 5:30 pm llegamos, al salir de la estación, otro sueño se hacía realidad, frente a nuestros ojos se encontraba el canal de Venecia, una vez que logramos reaccionar de la maravilla en la que nos encontrábamos, decidimos que el objetivo primero sería buscar hotel para no andar cargando las cosas, tras una recomendación desde México, buscamos la calle “Castello”, para ir al hotel Allafava, sin embargo, al pedir indicaciones nadie tenía la más remota idea, como si se tratara de una calle perdida, así que decidimos investigar por nuestra propia cuenta, preguntamos en un par de hoteles, cruzamos un pequeño puente, arrastrando nuevamente nuestras pesadas maletas, encontramos un modesto hotel con internet en la recepción, que a nuestro bolsillo estaba aceptable, y decidimos que ese era el indicado, así subimos por mil ocho mil escaleras nuestro equipaje, parecía que nunca llegaríamos al piso de la habitación, fue de las subidas más retadoras hasta ese momento, pues había que subir una maleta de 20 kilos, por aproximadamente 6 pisos, a lo largo de unas escaleras de máximo un metro de ancho, a una temperatura de aproximadamente 38 °C; eso sí, las escaleras tenían alfombra roja como si se tratase de reyes, jejeje. En fin llegamos a la habitación y nos refrescamos un rato, descansamos, tomamos aire, acomodamos las maletas, nos dimos cuerda y a conocer se ha dicho.

Salimos y nos movimos hacia la derecha, donde había una multitud grande de gente, y una variedad de puestos, en ellos lo más relevante eran las máscaras utilizadas en el festival de Venecia, que según nos enteramos después se celebra en febrero, es una lástima que no hayamos llegado antes, jejeje. Así continuamos caminando por aquí y por allá, sin rumbo fijo, dando vueltas la izquierda y derecha, cruzando puentes pequeños, otros más grandes, avanzando entre pequeños callejones, así, como muchas de las cosa que nos habían pasado en el viaje, sin quererlo, nos encontramos en el puente de “Rialto”, un puente muy famoso en Venecia por sus adornos y por la magnífica vista que da del Gran Canal, estuvimos ahí un momento, tomando fotos, apreciando el canal, y los edificios visibles desde ahí, hoteles, restaurantes, las embarcaciones que pasaban por abajo del puente, bien fueran góndolas, barquitos, lanchas, o el “Vaporetto” (transporte urbano marítimo), después de contemplar decidimos que al ser la primera noche en Venecia, y encontrarnos en el gran canal, era un buen momento para comer-cenar mejor, pues con el viaje el hambre era grande, así que bajamos del puente, y nos dirigimos a buscar dónde cenar. Encontramos un restaurante, no tan modesto, con un menú turístico por 15 euros, nos sentamos en una mesa a un lado del gran canal, con una buena vista hacia el puente y hacia Venecia, tomamos una botella pequeña de vino tinto para acompañar la cena, y nos dispusimos a disfrutar el momento, como primer plato había que probar la original lasagna, como segundo medallones de cerdo en vino blanco, y adjunto a esto papas fritas (la otra opción era ensalada, sin embargo le hambre ameritaba las papas, jejeje).

Así pues vimos el anochecer de Venecia cenando junto al gran canal, y posteriormente nos pusimos en marcha de regreso al hotel. Como ya estaba oscuro y no conocíamos bien, nos limitamos a regresar por la “avenida principal”, así tras unos 20 minutos de caminata regresamos al hotel, donde aprovechamos el internet para ponernos en contacto con el mundo que habíamos dejado del otro lado del charco, afortunadamente era domingo a las 4 de la tarde por allá, por lo que encontramos a bastante gente en línea, incluida la familia.

Así concluyó el día de llegada a Venecia, dato curioso de este lugar: La actriz mexicana Salma Hayek había celebrado su boda en Venecia, en el teatro “La Fenice” el 27 de abril de 2009, poco menos de un mes, (qué lástima que no nos haya invitado, de haber sabido hubiéramos llegado antes, jejejeje).

miércoles, 27 de mayo de 2009

Y las llaves del cielo??




23 de mayo de 2009

Nuevamente amanecer en Roma, no hay forma de no estar bien, así que con todo el ánimo, aunque temprano, a levantarse y a hacer el ritual matutino, y así prepararse para salir rumbo al Vaticano. Tomar el metro en “La Celsa” y transbordar en “Flaminio” rumbo a “San Pietro”, una vez ahí, caminar todo derecho para llegar al impresionante conjunto de columnas que rodean la plaza de San Pedro, una monumental construcción en forma circular en cuyo centro se encuentra un obelisco y una fuente.

Al recorrer los pasillos custodiados por tres filas de colosales pilares, nos acercamos a la Basílica de San Pedro, a medida que la distancia que nos separaba de ella decrecía, la gente aumentaba, y una vez estando a sus pies, a punto de entrar, ho sorpresa, nos impiden la entrada porque Roberto llevaba playera sin mangas, esto es una muestra de la formalidad que tan magnifica edificación demanda. Así que regresar por los largos pasillos circulares hasta la entrada para comprar una playera y así poder entrar. Tras la ida y el regreso, al fin logramos pararnos justo bajo la enorme puerta, a tan sólo un paso de estar dentro de la famosísima y diría yo, inigualable basílica de San Pedro. En su interior, renace esa sensación de vacío en el estomago que ya he comentado, cada esquina, cada pilar, cada pintura, escultura, ventana, techo o suelo, cada punto en el espacio dentro de la basílica describe magnificencia, y una vez más, fotos por aquí y por allá, de todos ángulos y posiciones posibles. Al fondo lo que sería el atrio principal, con dos más a sus costados, en uno se oficiaba una misa, en el otro, simplemente el paso cerrado, y en el central un arreglo rectangular de cuatro columnas oscuras sosteniendo un techo con gran detalle que suponemos (ha falta de guía de turistas y letreros) cubrían un pasillo a desnivel que permanecía cerrado, sin embargo a su alrededor giraba un gran misticismo, pues inclusive se escucho la suposición de que ahí estaban los restos del apóstol. Un recorrido largo y lleno de fotografías nos llevó a la salida, donde casualmente nos encontramos con el término de una boda, los novios saliendo de la basílica, los paparazis moviendo a la gente para tomar las fotos, y yo aprovechando para el espacio para poder fotografiar a los desconocidos, que probablemente después serían noticia, pues seguro no es fácil casarse en la basílica de San Pedro, jejeje.

Posteriormente nos dirigimos a los museos del Vaticano, un recorrido en el cual se pueden apreciar en las primeras cámaras, pinturas al Oleo, sobresaliendo las de la ”Madonna con bambino”, algunas de los apóstoles, y un cuadro enorme con la última cena, una versión diferente a la original de da Vinci. De ahí el recorrido nos llevó a pasar por el jardín de la piña, y de ahí al cuarto de las esculturas, donde se observaba una gran variedad de rostros esculpidos en mármol, cuerpos masculinos desnudos, unos pocos semidesnudos femeninos, tronos y ángeles, esto a lo largo de un pasillo de aproximadamente 100 metros, adjunto a este pasillo un salón-jardín circular seguía con la exposición de mármol, éste con el nombre de “octagonal” (espero no recordar mal el nombre), exhibía en puntos o ángulos que rodeaban a un jardín, más de la tendencia a describir mediante cincel y mármol, el cuerpo (CORRECIÓN DE SHU, MUCHAS GRACIAS) masculino al desnudo. Al atravesar el jardín llegamos a otro salón circular que parecía dedicarse a las musas, y junto a él un pasillo adornado con esfinges que formaban la entrada hacia un grupo de salones con una característica en común, todos daban un enorme dolor de cuello, pues su arte y belleza se exhibía en las pinturas (seguramente frescos) que adornaban el techo con sus miles de colores, figuras, e historias, resaltaban ángeles, vírgenes, adornos dorados, el cielo, algunos ancianos (tal vez santos), así un grupo de varios corredores o salones, cada uno dedicado a algún papa en específico, algunos como extras ofrecían pinturas en las paredes, exponiendo mapas, papas, ángeles, la historia de Cristo, y así finalmente llegar al objetivo de la visita la Capilla Sixtina, que aunque poco impresionante en cuanto a tamaño, pues no supera por mucho a una capilla simple, en cuanto a color, historia y arte no tiene comparación, recorrerla es el equivalente a ir de compras al mercado, la gente pasa y te empuja, todos amontonados y discutiendo en todos los idiomas, con el extra inigualable de apreciar tan bellas obras de arte que corren desde el frente del atrio hasta el último centímetro del techo, cada cuadro describiendo una historia, con el talento del maestro Miguen Ángel Buonarroti, y entre ellas se busca “La Creación de Adán”, que aunque a simple vista no pareciera más que un cuadro más del adorno del techo, en realidad ilustra el inicio de la humanidad. Así terminamos el recorrido por los museos del Vaticano, tras una exposición de arte religioso moderno y una exhibición de mapas, globos terráqueos y maquetas.

Al salir de los museos nos dirigimos a ningún lugar, tratamos de entrar a la ciudad, pero las pocas entradas estaban bien custodiadas, así que rodeamos un poco la muralla, y decidimos regresar a la plaza, ahí nos tocó la fortuna de toparnos con un desfile en honor al papa, mismo nunca vimos, jejeje. El desfile era una marcha de música, niños, jóvenes, adultos y ancianos, cada uno con ropaje de clásico de diferentes colores, vino, verde, dorado, cada contingente marchando a su ritmo, y hasta atrás un grupo de entretenimiento con látigos, donde tras una formación estratégica, y una coordinación por demás precisa, al azotar los látigos contra el suelo se formaba una melodía que cautivaba e impresionaba a todos los espectadores. Con esta muestra fue con la que salimos de la plaza rumbo al “Castillo de San Angelo”, en el camino nos topamos con un grupo de búsqueda del tesoro, unos jóvenes italianos, que tenían que lograr objetivos para reunir fondos, y en ese momento nos convertimos en una de sus metas, pues tenían que llevar a algún extranjero, así que después de vernos sospechosamente, nos preguntaron de dónde éramos, mostramos nuestros pasaportes, tomamos una foto, y seguimos con nuestro camino, a medida que nos acercábamos al castillo, lo hacíamos también al río Tiber, de manera que en un instante estábamos en el puente de la entrada, un puente blanco con esculturas de ángeles que conectaba los dos extremos del Rio, en uno de ellos, se veía un parque, en el otro la enorme fortaleza, a la cual entramos segundos después de las fotos en el río.

El Castillo constaba de un edificio principal en el centro, luego un pasillo que lo separaba de la muralla a su alrededor, así que primero recorrimos la muralla con una gran vista panorámica de la plaza de San Pedro, las cuatro torres en las murallas llevaban le nombre de los evangelistas, y en llas se veían aún los cañones y balas que en otros tiempos sirvieran de defensa. Después nos aventuramos en una subida por el edificio principal, en el cual se exponían artículos como sillas, cuadros, pinturas, vasijas, chimeneas, instrumentos, y armas, la mayoría del tiempo del inicio de las armas de fuego y los vestidos elegantes. En la cima del edifico central, un mirador de toda Roma nos permitió contemplar el atardecer, bueno el inicio, ahí fotos de todos los ángulos para recordar Roma desde el Tiber, curiosidades: una paloma casi nos deja caer sus gracias, y un señor español nos tomó una foto con la cámara al revés, justo antes de tomarnos otra degollándonos, jejeje.

El mirador del castillo nos cautivo por un buen rato, después decidimos conocer un poco más del rumbo, así que regresamos a las avenidas cerca de la plaza, ahí nos encontramos con una “muestra internacional”, donde probamos una variedad de quesos, mermeladas, carnes, mieles, y tristemente ya no nos tocó vino, de ahí caminamos hacía una parte más comercial, donde probamos pizza artesanal por peso (dependiendo lo que pese tu pizza y sus ingredientes es lo que pagas), con dos euros fue suficiente para probar una buena rebanada. Finalmente de regreso al metro para movernos una vez más hacia el Coliseo, el objetivo esta vez era ver Roma de noche, así que esta vez tras un cambio de línea en el metro, llegamos a la estación “Colosseo”, y justo al salir de ella, ahí estaba, frente a nuestros ojos, el Coliseo Romano, era un poco temprano y aún se veía luz, así que decidimos esperar un poco mientras veíamos una exposición de la Champions League, logrando fotografiar la copa misma. Así pues esperamos el anochecer junto al Coliseo (casi hasta las 9:15 pm) y logramos observar la gran arena de noche, con sus arcos iluminados, sobresaliendo en el cielo oscuro de Roma, las luces se reflejan en sus muros ancestrales tanto como en los reconstruidos, y así nos despedimos de Roma. Tomamos nuevamente el metro rumbo al hotel para descansar nuestra última noche en la “Città Eterna”.

Finalmente la respuesta a la pregunta del inicio: ¿Y las llaves del cielo? ¿No se suponía que las tenía San Pedro?, pues en realidad nunca vimos llave alguna, pero la visita al Vaticano y a la basílica de San Pedro, es algo inolvidable, así que no importa no haber encontrado las llaves del cielo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Entre antíguos y gigantes....



22 de mayo de 2009

Este es el amanecer del segundo día en Italia, el ritual matutino es levantarse, bañarse y desayunar en el modesto buffet del hotel, luego regresar al cuarto mediante el chistoso elevador romano que nos tiene esperando a que sus puertas abran automáticamente, y tras algunos minutos decir: “Ouch, esto hay que abrirlo a mano” (nótese la inexperiencia y la conchudez a la que estamos acostumbrados), en fin subir y bajar un par de veces, salir y regresar porque olvidamos comprar los boletos del metro, y finalmente dejar el hotel rumbo a la estación “La Celsa”, donde pasamos unas cuantas estaciones para llegar a “Flaminio”, después transbordar hacia “Termini”. Todo esto parece un juego de palabras, sin embargo, fue un juego de serpientes y escaleras, a veces subir y a veces bajar.

Al salir de Termini, buscar la “Via Cavour” y seguir por ella, en el camino gastar fotos al por mayor ante la impresionante arquitectura romana, sus edificios como gigantes atrapando las agostas calles dignas de motos, personas y smarts, encontrar la iglesia de “Santa Maria Maggiore”, primer monumento impresionante, en su blanco brillante, con un enorme obelisco en la fachada. Continuar por Cavour admirando las tonalidades de café y naranja que distinguen las altas construcciones que a al altura de la calle tiene como base pequeños restaurantes con mesas y sombrillas en la banqueta, la mayoría vendiendo paninos, pizza y coca. Algunas tiendas de recuerdos con imágenes de Miguel Ángel, postales del Vaticano, mapas de Roma, playeras, llaveros y todos los típicos suvenires. En el trayecto encontrar unas escaleras que llevaban a una “cueva misteriosa”, en la entrada un anciano pidiendo limosna (para no olvidar México), un señor vendiendo pinturas hechas por él, y un acordeonista acompañando la mini travesía de la cueva con alguna tarantela, del otro lado un edifico con facha de museo que nos atrajo, y en un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos dentro de una universidad italiana (o tal vez prepa estilo CNCI, jejeje), después de recibir miradas extrañas y colarnos en una ceremonia de graduación, decidimos continuar nuestro camino en busca del Coliseo, una vuelta aquí, otra allá, y sin pensarlo ni esperarlo aparece frente a nuestros ojos, hipnótico e intrigante el circo romano “Colosseo ”, la arena donde los esclavos, criminales y prisioneros de guerra se convertían en gladiadores para buscar una oportunidad de ser ciudadanos libres, y vivir de su fama.

Así pues, nos dispusimos a entrar a esta maravilla del mundo, hay un dicho que dice que el tiempo es oro, por lo tanto decidimos no perder tiempo en filas y tomar un tour que nos permitiera accesar más rápido. Durante la entrada era inevitable sentir un enorme hueco en el estomago, lo que solemos llamar emoción, sentirse a los pies de un gigante de la historia, que hace más de dos mil años fuera el mayor centro de atracción del imperio más grande del mundo. Avanzar poco a poco entre sus arcos exteriores y subir un pequeño túnel son procesos que aumentan este hueco, para que finalmente llegar al corredor circular del segundo nivel, poder apasionarse y perderse al contemplar cómo la historia pasaba ante tus ojos, que siguen sin creer lo que están viendo. No hay foto que pueda captar el sentimiento que surge al sentirse dentro del Coliseo, es algo tan indescriptible que decides tomar el mejor recuerdo grabando esto en la memoria permanente, un recorrido con explicación de cada piedra, escalón y espacio, que te permite reconstruir en la mente un evento casi completo, imaginar los elevadores de animales, el emperador en su balcón privado, la gente alrededor de la arena, los gladiadores peleando por su vida, las batallas navales, y cómo todo eso se va evaporando con el tiempo. Faltan palabras e imágenes para poder expresar la experiencia de estar en el Coliseo, sin embargo, más de 20 fotos y un video podrían dar una idea, o un breve acercamiento.

Al salir del coliseo, la segunda parte del tour nos lleva hacia el foro romano, un recorrido en el cual se hace presente la historia de la fundación de Roma, cómo una “virgen” dice quedar preñada por el dios Marte de la Guerra para salvar su vida, da a luz a dos hijos, y para asegurar su sobrevivencia se ve obligada a dejarlos en el río Tiber, del cual son recogidos por una loba (prostituta), que los cría. Al crecer los hermanos, compiten para ver quién logra fundar una su propia ciudad, como Remo gana, Rómulo decide argumentar trampa y hacer justicia por sí mismo, por lo cual mata a su hermano y así nace Roma. Así mismo entendí porque “… hay algunos que dicen, que todos los caminos conducen a Roma”, pues resulta, que éste al ser un imperio tan basto y poderoso, debía mantener el poder de alguna forma, y para ello era necesario estar en constante comunicación, así que se extendió una extensa red de caminos que conectaba a todos los pueblos con la capital de imperio, estos caminos tenían a sus orillas una herramienta poderosa para hacerlos efectivos, esta herramienta son las “umbrellas”, unos gigantes con una copa en forma de sombrilla que cercaban las orillas de los caminos.

De ahí continuar por la tierra de gigantes, donde enormes puertas, pilares y edificios te recuerdan que en realidad una persona es miniatura en tamaño, comparado con aquellas estructuras monumentales , la vista panorámica de la “Via Sacra”, y su recorrido mismo entre piedras, ruinas, fuentes, puertas, arcos y un panorama de historia, son momentos difíciles de olvidar, lo mismo que el museo colocado en la casa de Mussolini y la vista de lo que solía ser el circulo máximo.

Al salir de la Roma antigua continuamos con el recorrido hacia la modernidad, que no por ello dejaba de figurar ser tierra de gigantes, un enorme edificio, digno de apreciación es lo que constituye el museo del renacimiento, y no menos el monumento a la patria, donde resulto curioso ver como se venera a los soldados, en absoluto respeto, y cualquier mal comportamiento es motivo de reprensión, al seguir por las hermosas calles de Roma, logramos llegar con el “Pantheon”, un colosal edifico en forma circular que por afuera aparenta ser bastante antiguo, pero por dentro sus estructuras de mármol, y los restos de posibles generales rompen esta idea. Al salir de él, nos dirigimos a la fontana de Trevi, un trayecto bastante difícil pues no lográbamos encontrarnos en el mapa, jejeje, nuevamente, después de caminar un largo trayecto, en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos frente a la gran belleza que representa la “Fontana de Trevi”, y una vez más, esa sensación de gran emoción que invade todo, mente y cuerpo, casi inspirando el llanto, pues es casi increíble verse ahí. En ese momento, una pseudolluvia de fotos, porque tristemente las baterías de las cámaras no rinden para tanto, jeje. En la fuente, no fue suficiente el hecho de estar ahí y tomar fotos y disfrutar el momento, pues complementariamente resultó bastante gracioso ver como la “policía guardiana de la fuente” silbaba en las orejas de las personas para llamarles la atención, y literalmente sacarlos de la fuente. Una vez afuera, no pudimos evitar la tentación de probar el tradicional “gelatto italiano”, y comer un panini. Después disfrutar un momento más en la fuente para recobrar un poco de energía y seguir con la caminara, ésta nos llevó a un enorme parque en el cual un agradable descanso sobre el pasto fue el cierre de las actividades, de regreso al metro encontrarse sin quererlo en una “vía de ricos”, con restaurantes en las calles donde un menú completo puede llegar hasta los 40 euros. Finalmente tomar el metro en la estación “Barberini”, hasta llegar al hotel, un día bastante cansado y enriquecedor lleno de emociones fuertes, más fuertes que subirse al “Super-man” en Six Flags, jejeje.

Buen, si aún te preguntas porqué tierra de antiguos y gigantes, al recorrer Roma, al menos esta parte, resulta que cada monumento posee una dimensión o valor extraordinario, cada uno enorme como si se tratase de una casa de muñecas de gigantes mitológicos, perfectamente colocado y distribuido dentro de la ciudad, y en verdad es imposible no sentirse pequeño al detenerse frente a tales estructuras. Antguos, por la forma impresionante en que en Roma el pasado convive con el presente, cómo un edificio de miles de años se encuentra justo frente a uno del siglo pasado, como la gente del siglo XXI puede caminar sobre los cimientos de una civilización ancestral, como con solo imaginar y escuchar puedes ver los orígenes de un imperio tan poderoso. Antiguos y gigantes, es lo que veo al recorrer Roma, y eso es lo que hoy comparto.

La salida y la llegada...


21 de mayo de 2009

No es fácil dejar el país en el que uno ha vivido 20 años, aún sabiendo que regresaré, tampoco es sencillo disfrutar la espera del viaje cuando se tiene que acabar presentaciones y exámenes finales, y no carece de importancia el pensar que a pesar de estar viajando, tendrás que presentar un examen final en línea. La idea de separase de la familia por más de dos meses es un poco retadora. Sin embargo, a pesar de todo esto, el camino a la ciudad de México es emocionante, no sólo para el que viaja, sino para todas las personas que le acompañan en ese momento, tan es así que, ante la falta de práctica y costumbre, uno se pierda y se equivoque de terminal en el aeropuerto, y espere un poco antes de darse cuenta que está en el lugar equivocado, pues sí, así pasó, el vuelo salía de la terminal 2 y no de la vieja terminal, así que a correr un poco.

Una vez en el lugar correcto y con la documentación hecha, lo único restante era esperar, mientras un bocadillo con la familia de Roberto (mi compañero de viaje), y un momento después, una amiga de la prepa, Carito, llegando a formar parte del comité de despedida, hecho que como han de imaginarse, es bastante emotivo, pues sientes el apoyo ya no sólo de tu familia, sino de todas esas personas que has conocido a través del tiempo, y para ello bató ella, una gran amiga de tiempos anteriores, del tipo de amigos que dejan huella para siempre.

En la puerta la despedida de la familia, los abrazos, los consejos, los besos y las bendiciones, son cosas que nunca faltan, un extra, una carta de Carito, para compensar un poco el hecho de que mi hermana no haya podido ir, porque la escuela la ha hecho su esclava, a pesar de no ir en el Tec. Posterior a ello, un poco de espera, luego el abordaje, y finalmente a volar se ha dicho.

Un vuelo de 10 horas rumbo a Madrid, es un trayecto no del todo placentero, a pesar que ver anochecer y amanecer, y tomar magnificas fotos de las nubes y el sol, llega un momento en el que las piernas se entumen, así que a caminar y despejarse, un poco de comida, vino tinto, vodka, sprite y jugo, las bebidas probadas, la ventaja es que una prueba no marea, jejeje.

Una vez en Madrid, a buscar la siguiente salida, una vez más, estación dos, es momento de aplicar el dicho que dice que preguntando se llega a Roma, así que después de varias indicaciones, llegamos al lugar correcto, después un lunch en el aeropuerto, los primero euros gastados, un lujo en verdad. Durante esta estancia breve en España, vaya que se extraño la calidez y amabilidad mexicana, como diría Panda (Roberto), los españoles son amargados groseros y neuróticos, así que ganas de regresar no nos faltaron, sin embargo ya estábamos muy lejos, así que que flojera volver, (ajá claro, seguro me iba a regresar sólo porque a los españoles no les gusta reír ni decir gracias o de nada jejeje). Después de 4 horas de espera en Madrid, llegó el momento de volar una vez más, ahora a nuestro destino final, Italia ahí íbamos…

Durante el vuelo comenzó el licuado de blas blas blas, donde comenzabas a escuchar susurros españoles, italianos, ingleses y franceses. Un largo sueño de 3 horas para reponerse, y en abrir y cerrar de ojos… PUFF!!! Ahí estábamos pisando suelo romano, y así mismo en un momento nos encontramos con la revisión de equipaje contestado una entrevista trilingüe, pues de repente los revisores italianos olvidan lo que significa “English please”, y de repente en su afán, mis cables hacía un cruce extraordinario de “italiañol”, finalmente salimos del aeropuerto y tomamos el tren hacia el centro de roma, un tren sorpresa de 11 euros, el primer viaje en tren en Europa, y en Italia, y en Roma. Finalmente llegar a la estación central (Termini en Piazza del Cinquecento), de ahí al hotel, viendo un poco Roma de noche, y finalmente encontrar un buen cuarto donde descansar del prepararse para empezar el recorrido per la citta eterna.

martes, 19 de mayo de 2009

Benvenuti!!!!



Hola...

Pues ésta es la primera entrada de este blog, y con ella les doy la bienvenida a lo que será como mi journal para el viaje a Italia.

En realidad siento mucha curiosidad por la cultura italiana, el idioma me parece muy agradable, su sonido un poco cantado, su comida es deliciosa (obvio nada como las pastas, jejeje), su arquitectura (medio chueca y rota, pero aún así impresionante), su historia (recordando el antiguo imperio romano, emperadores, generales, Papas, etc.), en fin, es algo que en verdad me entusiasma.

Creo que este es un buen medio para ir manteniendo contacto, así que de igual manera sus comentarios, quejas, sugerencias, observaciones, peticiones (de preferencia no monetarias, porque ando un poco corto, quién sabe porqué, jajaja), cualquier cosa es bienvenida (preferiría no groserias, peor no puedo limitar la libertad de expresión jejeje).

Pronto estaré comentandoles qué tal estuvo el viaje, y la bienvenida, espero que no nos la hagan de Tos con lo de la influenza ex-porcina humana (gripa de porky), y así mismo les compartiré algunas fotos de nuestro primer destino: Roma, la Città Eterna.

Mientras tanto, portense como quieran (de preferencia bien), cuidense, disfruten las vacaciones, y nos estamos leyendo, y espero viendo...