25 de mayo de 2009
Hoy amanecimos en Venecia, tan pronto como despertamos (7:00 am), nos bañamos, desayunamos y nos dispusimos a caminar, pues sería un día largo, el objetivo principal era la plaza de San Marcos, donde por cierto, Andrea Bocelli está próximo a dar un concierto, si alguien gusta cooperar, es bienvenido, jejeje. En fin, la travesía del día comienza cuando salimos del hotel en busca de otro, porque ya no había lugar en ese para una noche más, así que regresamos rumbo a la estación Santa Lucia, buscando un nuevo hotel con características similares para dejar las cosas y tener donde descansar esa noche, en el trayecto preguntamos en cuanto hotel se atravesaba en nuestro camino, hasta que encontramos uno agradable, con desayuno incluido, económico, cuarto aceptable, y lo más importante de todo, no había que subir tantas escaleras para llegar al cuarto, así que dejamos las maletas, nos tomamos un respiro de 5 minutos y nuevamente salimos a las calles de Venecia, ahora sí, a perseguir al dichoso San Marcos y su plaza.
Así anduvimos por las calles, primero por la principal, luego por algunas pequeñas, realmente mini avenidas como de un metro de ancho, entre tiendas, y más tiendas, algunas de ropa, otras de comida, pero en abundancia las de máscaras y recuerdos. Así pues, fotografiando cuanta iglesia y teatro nos encontrábamos en el camino, grabando con nuestras cámaras imágenes de ríos, góndolas, edificios, y toda la gente que se atravesaba en nuestras fotos, jejeje, atravesamos Venecia, de una forma que yo denominaría transversal, hasta llegar a la playa, donde la falta de sombra y el exceso de calor se hacían evidentes, frente a nosotros, barcos de todos colores y tamaños, lanchas, góndolas, vaporettos, buques, yates, de todo un poco, y más allá, como en una lejana isla, se veía la basílica de “Santa María de la Salutte”. De repente en una lvuelta hacia atrás, tras ver una multitud de gente, encontramos el “Palazzo Ducale”, una edificación de 4 niveles, con aproximadamente 15 pilares en la planta baja, y 35 en el segundo nivel, que impresiona con tan solo un parpadeo. Al carburar dónde nos encontrábamos no tardamos en formar parte de la enorme fila que esperaba para entrar, así después de un rato nos encontramos recorriendo los pasillos de este enorme y magnifico palacio, ahora museo. Pero… ¿qué había ahí?, en la primera sección una exposición de algunas columnas originales removidas dadas sus condiciones, en la cima de ellas se notaban algunos detalles esculpidos que los caracterizaban, entre ellos, estaban rostros con diferentes peinados, ángeles, madres y niños, signos zodiacales, hombres de diferentes razas, y animales (águilas y grifos). Lo siguiente fue apreciar el patio del palacio, donde otra serie de pilares estructuraban un rectángulo que limitaba el patio del palacio, al fondo unas escaleras formaban el acceso al tercer nivel del lado derecho, tomando como punto de referencia la entrada principal que da justo a la playa. La siguiente parada dentro del palacio es la entrada a los dormitorios, todos con pinturas en el techo, cada uno tan impresionante como el otro, y cada pintura bordeada con un magnifico marco de oro, como si tuvieran una montaña de oro, de donde tomar a sus anchas para adornar sus salones, aunque seguramente esto debió ser cierto, pues recordemos que éste era el palacio donde vivían todos los duques de Venecia. Así un recorrido de un salón tras otro, viendo alcobas, salones de fiestas, salones de reuniones, salones de juicios, y salones de todos tipos, algunos exhibiendo mapas, armas, armaduras, pinturas, estatuas, y en algunos otros donde el espacio, las pinturas del techo y sus adornos dorados eran más que suficientes para sentirse hipnotizado ante tanta grandeza y majestuosidad, de ahí incursionamos hacía la “parte oscura”, y después de atravesar el “puente de los suspiros”, nos encontramos con el sótano y la parte donde de la prisión, donde eran visibles cada celda, alguna con camas, otras con arte en la pared, otras simplemente vacías, con barrotes, un recorrido de aproximadamente 20 minutos que nos permitió imaginar la pena de algún crimen, en la oscura prisión del Palacio Ducal de Venecia.
Una vez concluido el “recorrido ducal”, salimos del palacio por la puerta que da hacia la “Piazza di San Marco”, de frente una enorme torre con un reloj casi en la punta, y a nuestra derecha, una pequeña capilla, o al menos eso es lo que creíamos, pero al caminar y dar la vuelta… ho sorpresa, no era una capillita, era la “Basílica de San Marcos”, con una enrome fachada adornada con oro y pinturas bizantinas, tanto como su característica arquitectura reflejada en las cúpulas. Otra fila nos condujo al interior de tan hermosa estructura, el cual no era muy diferente de la fachada, pues abundaban adornos de oro por aquí y por allá, lo mismo que las pinturas, he de decir que la apreciación del arte no es la misma en todos lados, y no es lo mismo ver la basílica de Guadalupe, que la de San Pedro, y ahora que la de San Marcos, esta irradia riqueza por doquier, el arte es un poco más rudo, pues las pinturas aunque también religiosas, no poseen el mismo color, la misma expresión ni el mismo detalle, mientras en el Vaticano había multitudes en los cuadros, gente, apóstoles, discípulos, estos son más centrados en una imagen, en una persona, sea Jesús, sea “Madonna con bambino”, o algún santo, y nuevamente el color dorado reluciendo. Dos áreas especiales en esta basílica eran la del tesoro y la parte posterior del atrio, a las cuales decimos no entrar por falta de fondos, jejeje.
Al salir de la basílica nos encontramos con lo que era nuestro objetivo inicial, ahí estaba frente a nosotros la Plaza de San Marcos, (nota: fue en este recorrido donde aprendí a recorrer los leones de San Marcos, esos leones majestuosos con alas, asociados a Marcos, porque su evangelio comienza en el desierto y se refiere a Juan el Bautista como la voz que clama el desierto, y los leones son considerados reyes del desierto). En fin la plaza consta de una gran explanada custodiada por una construcción con base en forma de arco, un aire a los portales de Toluca, excepto que blancos, más grandes, y con más pisos, jejeje, casi igualitos no? Ahí en la plaza se encuentra el museo “Correr” y el de Arqueología, en ellos encontramos nuevamente una exposición de pinturas, pero esta vez con una temática diferente, pues éstas hablaban de la Venecia renacentista, dejando un poco de lado el tema religioso, y mostrando la vida de la realeza, los duques y sus ropajes, las monedas, los barcos, inclusive las guerras navales, más adelante una exposición de armas medievales, en ella se exponían lanzas, cañones, espadas, armaduras, mazos, arcos, flechas, dagas, escudos, pistolas, y toda la cantidad de armas imaginables (esto sólo es por si me faltó alguna que ustedes conozcan), así concluimos nuestra visita por el museo con la apreciación de un enorme salón, magníficamente decorado, nuevamente con los detalles de oro en el techo, con una pareja caracterizada con ropajes clásicos de la edad, tristemente, la entrada a este salón estaba “vietata” o sea prohibida.
Al salir del museo, nos alejamos un poco de la plaza por la parte lateral, dónde repentinamente nos encontramos lo que en roma es la “Vía Condotti”, es decir, el gran conjunto de tiendas departamentales de marca, entre ellas, Giorgio Armani, Gucci, Chanel y otras que en este momento no recuerdo, pues la opción de comprar algo en definitiva no era posible, jejeje. Bueno así continuamos en busca de nuestro próximo objetivo, la Galería de la Academia, para ello había que buscar su puente y atravesarlo, y para esto había que “subir” un poco (subir y bajar es conforme al mapa), y así lo hicimos, en el camino un panini nos ayudó a lidiar con el hambre, así hasta llegar al puente de la Academia, ahí cruzamos una vez más el “Grande Canale”, y nos acercamos a la entrada que asombrosamente estaba vacía, acelerados a la puerta nos topamos con que la razón era que ese día (lunes) cerraban a las dos de la tarde, esto fue una gran pena, porque bastante desanimados decidimos no entrar, pues también por un día ya habían sido bastantes pinturas, esculturas y salones, así que resignados decidimos caminar un poro más por Venecia, esta vez hacia abajo, pero del otro lado del canal, justo hasta llegar a la parte paralela de San Marcos, donde se encontraba la “Basílica de Santa María de la Salud”, desde aquí se podía ver perfectamente el palacio Ducal justo enfrente, y en el interior, un gran círculo iluminado por la cúpula, mientras en el atrio, un padre oficiaba misa, para unas cuantas personas sentadas alrededor en las pocas bancas que había. Así que imaginen el recorrido en forma de hache mayúscula (H), del hotel bajar, hasta San Marcos, luego subir a la mitad, donde estaba la Academia, ahí cruzar el canal, luego volver a bajar para llegar a Santa María de la Salud, pasando por la iglesia de Santa María del Rosario (en honor a mi mamá), paralela a la calle de San Cristóforo (que me recordó a una tía), y de ahí volver a subir con rumbo al hotel, cerca de la estación Santa Lucia.
El recorrido de la última subida fue el más pesado, pues era tarde, y habíamos estado caminando todo el día, durante tres días seguidos, el calor era asfixiante, y los pies se movían por pura inercia, lo único que queríamos era llegar al hotel y descansar, así que de alguna forma tomamos fuerza y comenzamos el acenso, en este, regresamos a la Academia, pero esta vez por calles paralelas donde encontramos infinidad de escuelas de música, inclusive entramos a una, donde uan profesar nos creyó ignorantes, y nos repitió como veinte mil veces (3 o 4 en realidad) que eso era una “scuola”, la fachada era interesante, así como muchas otras escuelas e institutos de ahí, por eso hicimos la escala, en fin tras dejar la “scuola”, seguimos encontrandonos con escuelas de música, de todos lados salían voces angelicales, el resonar de las cuerdas de los violines , o las enérgicas melodías de los pianos, un panorama apto para cerrar los ojos un momento y darse la oportunidad de “escuchar a Venecia”, fue a partir de aquí donde comenzamos a coleccionar volantes de un concierto en honor a Vivaldi (violinista veneciano, compositor de las cuatro estaciones), que se celebraría esa tarde en uno de los varios teatros de Venecia, la tentación de ir era enorme, pero el bolsillo pequeño, así que decidí dejarlo para otra ocasión. Al seguir la subida nos encontramos una tienda de mascaras muy llamativa, pues había una máscara tecnológica, diferente a todas las demás, plateada con tuercas, tornillos y cables, con un costo de más de 100 euros, una obra de arte en verdad, entramos a la tienda, y una señora que yo diría no era italiana, pues con exceso de amabilidad nos atendió, al ver que apreciábamos su sobras, nos permitió tomar fotos de su tienda, e inclusive nos invito a escoger una máscara y probárnosla, ella escogió para mi un vestuario de “Casanova”, una capa negra larga, con una sobrecapa, un sombrear negro, y una máscara blanca, con asombrosa rapidez, la señora me disfrazó, y en un instante ya era yo todo un Casanova listo para el festival de Venecia (aunque era un Casanova naco, pues mis tenis blancos asomaban bajo la capa negra, jejeje), en fin, la foto, clik click, y después nos permitió escoger una máscara más, tras un buen momento de pensar y contemplar, Panda escogió la otras máscara tecnológica, la mitad dorada, y la otra decorada con circuitos, cables, y pistas, muy al estilo ingenieril, la mía fue aquella máscara plateada con tuercas y tornillos que tanto me llamo la atención, y por supuesto, no podía dejar fuera de la foto a aquella señora que tan amablemente nos hizo pasar un gran momento, olvidando el cansancio, finalmente nos despedimos bastante agradecidos, y continuamos con la subida.
En este trayecto nos topamos con una iglesia curiosa, con una pintura de Da Vinci en la entrada, nos llamó la atención y nos acercamos, hoooooooooooo grata sorpresa, era una exposición de las maquinas e inventos de Leonardo a Vinci, no lo pensamos dos veces, el cansancio desapareció y entramos ansiosos a la exposición, ahí vimos inventos de todos tipos, ideas del maestro Leonardo, entre ellos había adaptaciones de barcos de guerra con escorpiones y martillos, estaban los principios de la cadena y la bicicleta, el uso de poleas simples, dobles y compuestas para subir pesas, estaba el modelo de un AUTÓMATA (para los computacionales, una palabra muy conocida), una armadura que funcionaría como robot y que serviría para saludar de manera automática, había principios del ascensor, así mismo había el diseño de una aplicación del principio de Arquímedes, que permitía trasladar agua a través de un tubo enrollado, desde una pileta en la parte inferior, hasta la cima de la estructura, así mismo la evolución de sus maquinas para volar, hélices básicas, intentos de alas, planeadores, y una máquina bastante compleja estilo bicicleta, y así podría seguir mencionando las diferentes aportaciones del gran genio, para la aviación, la mecánica, la anatomía, la guerra, y naturalmente los códices, he de decir, que esa experiencia fue impresionante, especialmente en mi caso, porque fue como percibir los orígenes de la ingeniería moderna, en una forma tan pura, creativa y avanzada para la época en que vivió Leonardo, cuyo talento iba más allá de lo tecnológico, pues como sabemos su parte artística se desarrolló a la par, en realidad lo único que le faltó fue jugar voleibol, jejeje.
Al salir de esta exposición, seguimos con movimientos “gusánicos”, arrastrándonos para poder subir, esto hasta encontrar en nuestro camino una exposición más, esta de instrumentos musicales, nuevamente Vivaldi se hacía presente, aquí observamos mandolinas, pianos, violines, chelos, flautas, y más instrumentos clásicos, otra exposición bastante llenadora, que sirvió de aspirina para nuestros pies, jejeje. Salimos de la exposición de instrumentos, y la energía era mínima, nuevamente arrastrando los pies hacia arriba, hasta encontrar un parque bastante tentador, y dijimos… ahora es cuando, sin pensarlo mucho nos movimos hacia el parque, encontramos una banquita en la sombra y nos recostamos a dormir, ahí nos perdimos durante más o menos una hora, sin saber nada del mundo ni de Venecia, dejando que nuestros cuerpos retomaran un aliento de vida para seguir el largo trayecto que aún quedaba. Así despertamos como a las 7 y media de la tarde y continuamos nuestra caminata hacia el hotel, y para no fallar, pues nos perdimos, en un momento nos encontramos entre autobuses y autos, parecía que hubiésemos abandonado Venecia, hoooooooo, nooooo, dónde rayos estábamos… bueno, no estábamos tan lejos, nos encontrábamos en la estación de Plaza Roma, que es como la entrada a Venecia, el lugar donde se dejan los autos de los visitantes, y entras en Venecia a pie, así cruzamos un enorme puente, casi de cristal, y tras unos pasos divisamos la estación Santa Lucia, llegar al hotel nos supo a gloria, lo mismo que recostarnos en nuestras camas a descansar
Esta probadita de gloria no duro mucho, pues decidimos que era momento de festejar un rato, así que siendo las 10 de la noche dejamos una vez más el hotel en busca de un poco de diversión, en realidad las opciones eran un “antrito” bar que habíamos visto la noche anterior, o un club de Jazz, caminos en busca del primero, peor nos encontramos con que estaba vacío, olvidamos que era lunes en la noche, y la gente local no solía salir (al menos esa impresión nos dio), así que continuamos hasta el club del Jazz, donde nos encontramos con la misma sorpresa. Un poco decepcionados decidimos regresar al hotel, pero en el camino se nos abrió el apetito, pues en realidad había sido un día muuuuuuyy largo, así que encontramos otro restaurante donde decidimos cenar, ahí otor menú turístico nos acompañó en las calles de Venecia, spaguetti con almejas como primer plato, como segundo chuleta de puerco, acompañada de papas a la francesa, y todo esto con una refrescante “birra” (cerveza), así pues siendo como las 11:30 pm, regresamos al hotel, ahora sí, dispuestos a descansar profundamente, y reponer fuerzas para la aventura del siguiente día.
Dato curioso hoy me dedique a contar los perros en Venecia, fácil, a través del recorrido de la ciudad me conté 56 perros, con lo cual me di cuenta que en la calle de Venecia hay más perros que autos (autos = 0, perros = 56 y contando), jejeje, eso sí es amor canino, jeje.