jueves, 28 de mayo de 2009

Rumbo al "grande canale"...



24 de mayo de 2009

Hola de nuevo… este es nuestro tercer amanecer en Roma, y el último al menos por el momento. Hoy la rutina es un poco más pesada, pues una despedida, aunque sea un hasta pronto no es fácil, así que de una manera memorable bajamos por el ascensor chistoso 100% manual, desayunamos con calma contemplando el pequeño restaurantito de todos los días mientras desayunamos, regresamos al cuarto y tras circo maroma y teatro bajamos las maletas, entregamos la llave y nos dirigimos al metro, esta vez de “La Celsa” a “Flaminio” y de ahí hasta “Termini”.

El día parecía un poco nostálgico hasta que llegamos a la estación central de Roma, ahí tras averiguar la hora de partida hacia Venecia, y darnos cuenta que teníamos como 15 o 20 minutos antes de la salida del tren, decidimos salir un poco hasta donde el tiempo nos lo permitiera a comprar el único recuerdo 100% obligado, la playera de mi hermana, así que comenzamos a caminar por la “Vía Cavour” una vez más, hasta encontrar una tienda donde vendías suvenires, aparentemente económicos, entramos con el tiempo medido, 2 minutos para ver y escoger, sin embargo, no fue fácil encontrar una buena playera, y menos con las ofertas o los contrastes de precio, así que en un abrir y cerrar de ojos el tiempo se nos había ido, con lo cual tuvimos que echar a correr, arrastrando nuestras maletas de 20 kilos aproximadamente, cuesta arriba para regresar a la terminal de trenes, cruzando calles y avenidas a toda velocidad, logramos llegar a la vía del tren que partía a Venecia, el “binario 11”, ahí, perdidos completamente ante la longitud del tren con varias posibles entradas, los primeros vagones ocupados, y un policía que la única instrucción que nos dio fue “sigan al fondo”, qué tan al fondo, o hasta qué entrada, fue algo que no supimos, pero en cuanto encontramos un vagón medio vacío nos metimos a toda prisa, antes de que el tren nos dejara. Así primero nos encontramos de pie en un estrecho pasillo con las grandes maletas a nuestro lado, como todos unos ignorantes, después de irnos familiarizando y de ver que le tren no avanzaba decidimos buscar otro lugar, de esta forma encontramos un cubículo donde se hallaba una joven, quien nos dijo que no había problema si nos sentábamos ahí, conversamos un momento en lo que esperábamos la salida del tren, de pronto recibió una llamada y salió del cubículo, con lo que nos quedamos Panda y yo a nuestras anchas, acomodamos las maletas en las rendijas superiores, y nos preparamos para el trayecto, percatándonos que . Algunas fotos de las vías y del camino, la mayoría grandes espacios verdes con árboles, después un momento de sueño y descanso.




Así tras aproximadamente cuatro horas y media de viaje comenzamos a sentir el calor de la playa Veneciana, al acercarnos a la estación “Santa Lucia” fuimos alistándonos para bajar, finamente, como a las 5:30 pm llegamos, al salir de la estación, otro sueño se hacía realidad, frente a nuestros ojos se encontraba el canal de Venecia, una vez que logramos reaccionar de la maravilla en la que nos encontrábamos, decidimos que el objetivo primero sería buscar hotel para no andar cargando las cosas, tras una recomendación desde México, buscamos la calle “Castello”, para ir al hotel Allafava, sin embargo, al pedir indicaciones nadie tenía la más remota idea, como si se tratara de una calle perdida, así que decidimos investigar por nuestra propia cuenta, preguntamos en un par de hoteles, cruzamos un pequeño puente, arrastrando nuevamente nuestras pesadas maletas, encontramos un modesto hotel con internet en la recepción, que a nuestro bolsillo estaba aceptable, y decidimos que ese era el indicado, así subimos por mil ocho mil escaleras nuestro equipaje, parecía que nunca llegaríamos al piso de la habitación, fue de las subidas más retadoras hasta ese momento, pues había que subir una maleta de 20 kilos, por aproximadamente 6 pisos, a lo largo de unas escaleras de máximo un metro de ancho, a una temperatura de aproximadamente 38 °C; eso sí, las escaleras tenían alfombra roja como si se tratase de reyes, jejeje. En fin llegamos a la habitación y nos refrescamos un rato, descansamos, tomamos aire, acomodamos las maletas, nos dimos cuerda y a conocer se ha dicho.

Salimos y nos movimos hacia la derecha, donde había una multitud grande de gente, y una variedad de puestos, en ellos lo más relevante eran las máscaras utilizadas en el festival de Venecia, que según nos enteramos después se celebra en febrero, es una lástima que no hayamos llegado antes, jejeje. Así continuamos caminando por aquí y por allá, sin rumbo fijo, dando vueltas la izquierda y derecha, cruzando puentes pequeños, otros más grandes, avanzando entre pequeños callejones, así, como muchas de las cosa que nos habían pasado en el viaje, sin quererlo, nos encontramos en el puente de “Rialto”, un puente muy famoso en Venecia por sus adornos y por la magnífica vista que da del Gran Canal, estuvimos ahí un momento, tomando fotos, apreciando el canal, y los edificios visibles desde ahí, hoteles, restaurantes, las embarcaciones que pasaban por abajo del puente, bien fueran góndolas, barquitos, lanchas, o el “Vaporetto” (transporte urbano marítimo), después de contemplar decidimos que al ser la primera noche en Venecia, y encontrarnos en el gran canal, era un buen momento para comer-cenar mejor, pues con el viaje el hambre era grande, así que bajamos del puente, y nos dirigimos a buscar dónde cenar. Encontramos un restaurante, no tan modesto, con un menú turístico por 15 euros, nos sentamos en una mesa a un lado del gran canal, con una buena vista hacia el puente y hacia Venecia, tomamos una botella pequeña de vino tinto para acompañar la cena, y nos dispusimos a disfrutar el momento, como primer plato había que probar la original lasagna, como segundo medallones de cerdo en vino blanco, y adjunto a esto papas fritas (la otra opción era ensalada, sin embargo le hambre ameritaba las papas, jejeje).

Así pues vimos el anochecer de Venecia cenando junto al gran canal, y posteriormente nos pusimos en marcha de regreso al hotel. Como ya estaba oscuro y no conocíamos bien, nos limitamos a regresar por la “avenida principal”, así tras unos 20 minutos de caminata regresamos al hotel, donde aprovechamos el internet para ponernos en contacto con el mundo que habíamos dejado del otro lado del charco, afortunadamente era domingo a las 4 de la tarde por allá, por lo que encontramos a bastante gente en línea, incluida la familia.

Así concluyó el día de llegada a Venecia, dato curioso de este lugar: La actriz mexicana Salma Hayek había celebrado su boda en Venecia, en el teatro “La Fenice” el 27 de abril de 2009, poco menos de un mes, (qué lástima que no nos haya invitado, de haber sabido hubiéramos llegado antes, jejejeje).

2 comentarios:

  1. Empiezo a creer que este viaje no tiene nada que ver con lo académico... jaja.
    Han conocido ya muchos lugares que como decía en otro comentario, solo habia visto en películas o en caricaturas jaja, sigan pasando un buen rato y disfruten su estancia por allá... pero no en un restaurante no tan modesto jajaja, que si no terminarán comiendo atún diario por los últimos días de su estancia por allá jaja

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  2. esa última foto de la entrada es genial!!! se bien romanticona la cosa: cena romántica, copitas de vino, venecia como fondo.... musiquita tmb??? jajaja
    oooo y coincido con Alejandro (no lo conosco creo pero leí su cometario XD) que este viaje no era académico??? jajajaja no me mal entiendas, es de lo mejor q andes paseando, hay q aprevechar cuando se cruza el charco!!!
    me imagino q t fuiste antes para conocer un poco, es perfecto!!!
    jajajaja tu viaje por el tren me trajo recuerdos de japón y las siempre pesadas maletas que, como es lógico, en cada parada turística aumentan su peso, aunq sea un gramooooo!!! jejeje
    juanjooo amo tus entradas!!!! q buena idea la del blog!! sigue escribiendo por favor!!

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